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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 1089

Como el hospital benéfico más importante y mediático, cualquier mínimo incidente en el Hospital Edson era garantía de convertirse en noticia de primera plana.

Por eso, en cuanto se enteraron del incendio, todos los medios de comunicación se movilizaron de inmediato.

Fueron los primeros en llegar a la escena.

Junto a ellos también arribaron Valeriano Sandoval, Mateo Soler y Patriciano Soler, a quien Mateo había arrastrado hasta allí.

Al ver el humo negro elevándose y las llamas iluminando la noche, Patriciano estaba perplejo.

—Mateo, ¿por qué tú y Valeriano me trajeron aquí tan tarde?

Él había acordado con su hermana que esperaría noticias en su bufete de abogados.

Valeriano, que estaba enviándole un mensaje a Roxana, respondió sin siquiera levantar la vista:

—¿No sospechabas que M&R Global vendía medicamentos falsos que perjudicaban a los pacientes? Roxana está ahí dentro investigándolo. Muy pronto sabrás la verdad.

—¡¿Qué?! —Patriciano giró la cabeza bruscamente y lo miró incrédulo—. ¿Me estás diciendo que Roxana entró sola al Hospital Edson? ¿Así es como la cuidas? ¡¿Tienes idea de lo peligroso que es este lugar?! ¡¿Y la dejaste entrar sola?!

Él creía que ese muchacho acompañaría a su hermana, ¡pero jamás imaginó que la dejaría arriesgarse en solitario!

Mateo, viéndolo tan alterado, soltó una risa fría.

—Nuestra hermana no es tan frágil como crees. Si alguno de nosotros hubiera ido con ella, solo seríamos un estorbo.

La expresión de Patriciano se congeló. Aunque él y su hermano mayor no tenían el entrenamiento especializado de Valeriano, desde niños habían sido excelentes peleadores. Incluso ahora, de tres a cinco hombres comunes no podrían ni tocarlos.

Y aun así, ¡su hermano mayor afirmaba que serían una carga para ella!

¿En serio su hermana era tan letal?

Al ver que se había quedado callado, Mateo se apresuró a presionar a Valeriano:

—¿Ya lograste contactarla? ¿Podrá salir a salvo? Si no, yo mismo entraré a sacarla.

¡De ninguna manera iba a permitir que le pasara algo a su hermana!

Al no recibir respuesta de la chica, Valeriano sintió cómo se le encogía el corazón.

Pero aún no perdía la razón.

—Deja de causar alboroto. No es el momento de entrar, y si llega el punto de tener que hacerlo, seré yo quien lidere la incursión.

—¿Tú? —Mateo y Patriciano no estaban de acuerdo. ¡Ese infeliz seguro quería llevarse todo el mérito!

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