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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 1116

En ese momento, el sonido de las sirenas comenzó a escucharse a lo lejos, acercándose cada vez más.

Cuando una fila de patrullas se detuvo en la entrada del edificio, todos se quedaron paralizados. Sabían que se trataba de una crisis de relaciones públicas grave, ¿pero de verdad era necesario movilizar a tantos policías?

Al ver llegar a las autoridades, Dalila y Sania, quienes ya estaban en shock por las identidades de quienes respaldaban a Roxana, sintieron que las piernas les temblaban.

—Señor Sandoval, recibimos su llamada y vinimos de inmediato —dijo el capitán, acercándose a Valeriano con sumo respeto—. A mitad de camino, el señor Montes también se comunicó con nosotros, así que aceleramos el paso. Espero que no hayamos llegado tarde.

—Llegaron a tiempo —respondió Valeriano, erguido, con una mirada profunda y gélida—. Sin embargo, antes de que llegaran, estas dos mujeres confesaron haber difamado a M&R Global. Pero estoy seguro de que esto no es tan simple. Una simple estudiante no se atrevería a atacar a una empresa de esta magnitud si no hubiera alguien moviendo los hilos desde las sombras.

El capitán lo entendió al instante y clavó su mirada en las hermanas.

—¿Dalila? —murmuró Sania. Nunca imaginó que una mala decisión le traería problemas de tal magnitud.

Si ya no podía lidiar con M&R Global, ahora tenía a los tres consorcios más grandes del país respaldando a esa mujer. ¿Había alguna escapatoria para ellas?

Dalila tampoco se imaginaba el inmenso poder que rodeaba a M&R Global. El miedo se apoderó de ella.

—Sania, dime la verdad... ¿De verdad fue tu idea?

—Yo... —Sania, arrodillada en el suelo, tenía la mente en blanco.

—¿A estas alturas sigues ocultándolo? ¿De verdad crees que tenemos el poder para enfrentarnos a corporaciones tan grandes?

Sania sabía perfectamente que no. Justo cuando iba a intentar explicarse, se topó con la mirada afilada del capitán, que parecía atravesarle el alma.

—Señor Sandoval, señorita Roxana, ¿quieren que me las lleve a la comisaría para interrogarlas?

Al escuchar eso, los ojos de las hermanas se llenaron de una profunda desesperación.

Con su estatus, si pisaban la comisaría, lo más probable es que jamás volvieran a salir.

—Si están dispuestas a contar todo lo que saben ahora mismo, puedo evitar que vayan a la delegación —dijo Roxana, mirando directamente a Dalila. Sabía que, si lograba convencer a la hermana mayor, Sania hablaría sin dudar.

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