Marina Montes de Soler se había mantenido bastante tranquila cuando Trinidad de Rivera le entregó el brazalete, pero al ver ese diamante azul de al menos veinte quilates, perdió por completo la compostura.
—¿Qué pasa con ustedes dos? —preguntó Marina, frunciendo el ceño—. Sé que Roxana salvó a Gisela, pero nuestras familias se conocen desde hace años. ¡No tenían que traer algo tan absurdamente caro!
—¿Caro? ¡Para nada! —Trinidad negó con la cabeza de inmediato—. Comparado con la vida de mi Gisela, y con el mal rato que le hicimos pasar a Roxana, ¡este pequeño obsequio no es nada! Si a Roxana no le gustan las joyas, ¿qué les parece si le transferimos el tres por ciento de las acciones del Grupo Rivera?
El tres por ciento de las acciones del Grupo Rivera valía muchísimo más que ese diamante azul.
Marina se quedó pasmada por un segundo antes de captar el detalle más importante.
—¿Qué mal rato? ¿De qué están hablando? ¿Qué le pasó a Roxana?
Trinidad y Gustavo Rivera no esperaban que ella aún no estuviera enterada. Intercambiaron una mirada, sintiéndose repentinamente culpables.
Marina se giró de inmediato hacia su hija.
—Roxana, ¿qué pasó exactamente? Estos últimos días he estado tan ocupada cuidando a tu abuelo Hipólito y a tu abuela Isabel que no he podido prestar atención a tus competencias. Cuéntamelo todo ahora mismo.
—No fue gran cosa —respondió Roxana con un tono sereno—. Solo la competencia habitual entre rivales.
Pero Marina no se lo tragó.
—No te creo. Si no fuera gran cosa, ¿por qué gastarían una fortuna en disculpas?
Mientras más grande es el regalo, mayor es la culpa.
—De verdad, no fue nada —insistió Roxana. Para ella, sinceramente, no era un problema. Gisela era experta en usar toxinas, pero cada vez que se cruzaban, terminaba intentando pelear con palabras, y jamás había ganado una sola discusión.
Comparada con Yara, que siempre maquinaba desde las sombras, Gisela solo era una chica que terminaba tropezando con su propia astucia.
—Señor Gustavo, señora Trinidad, ¿qué los trae por aquí?
Yara Soler entró desde el exterior acompañada por Mateo Soler.
Al ver a Roxana en la sala, Yara arqueó una ceja de forma provocadora, con una clara intención de presumir.

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