—¡Lo haré!
Sania se llenó de alegría y, sin dudarlo más, confesó todo lo que sabía.
—Al principio, conseguí las pastillas a través del amigo de una compañera de cuarto. Pero como necesitaba muchas, él me puso en contacto directo con su jefe. Poco a poco, fui conociendo a más personas de esa red. Me dijeron que mientras este medicamento se vendiera en el país, jamás serían descubiertos porque tenían gente muy poderosa respaldándolos.
—¿Quiénes son? —preguntó Gema de inmediato.
—Es Dora Salas, la actual esposa de Wilfredo Solórzano.
Roxana creía que el culpable era Sebastián Salas, pero jamás imaginó que la verdadera mente maestra era Dora Salas.
Los dos matones que se cruzó en el Hospital Edson también habían sido enviados por ella. Estaba claro que Dora la quería fuera de la jugada a toda costa.
—¿El escándalo que armaste hoy en M&R Global también fue para atacarme directamente?
Sania asintió con incomodidad.
—Sí. El informe médico que presenté fue falsificado por la gente de Dora. Me aseguraron que nadie notaría la diferencia. Yo misma verifiqué los resultados y no esperaba que, aunque los ingredientes fueran los mismos, la cantidad de las sustancias estuviera alterada.
—¡Esa Dora Salas no tiene límites! ¡¿Se cree que por unirse a la familia Solórzano puede hacer lo que le dé la gana en este país?! —exclamó Gema, enfurecida.
—No te enojes, tía Gema. Antes no teníamos pruebas contra ella, pero ahora que las tenemos, por supuesto que le daremos su merecido.
—¿Qué tienes en mente, Roxana? Te apoyaré en lo que necesites.
Roxana hizo una seña para que las hermanas salieran un momento de la oficina antes de hablar.
—Tía Gema, en la gala de aniversario de los sesenta años de su familia... ¿invitaron a la familia Solórzano?
—Sí, están invitados. ¿Estás planeando actuar durante la gala?
Al ver la ligera preocupación en el rostro de Gema, Roxana sonrió y negó con la cabeza.
—Por supuesto que no. Pero hay una subasta benéfica esa noche, ¿verdad? Quiero darle a probar una cucharada de su propia medicina. El problema es que aún no sé qué es lo que Dora Salas desea más en este mundo.
Gema se echó a reír.
—¡Eso es facilísimo! Dora y Wilfredo llevan años intentando tener un hijo, pero no lo consiguen. Si logras ofrecerle el remedio exacto para su infertilidad, te aseguro que morderá el anzuelo.

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