Nader se sorprendió ligeramente. Ese viejo zorro de Joseph siempre había sido extremadamente cauteloso, escurridizo como una anguila. Que ahora expusiera sus intenciones de manera tan directa significaba solo una cosa.
¿Bajo el ala de quién se había metido esta vez?
Mientras ellos hablaban al frente, Dora Salas, que estaba detrás de Nader, no perdía el tiempo.
—Wilfredo, la verdadera pieza clave de esta noche es la subasta benéfica. Ya me enteré de que la Doctora Serena subastará una pastilla capaz de mejorar drásticamente las funciones del cuerpo humano. Dicen que quienes la toman experimentan un salto cualitativo en su vitalidad y energía. Tienes que conseguirla cueste lo que cueste; así, tal vez esta misma noche logremos tener buenas noticias.
La familia Solórzano valoraba profundamente la línea de sangre y la educación para el liderazgo. La razón por la que Wilfredo no había sido elegido como el heredero principal en el pasado fue porque aún era joven y no tenía hijos. Su padre consideró que no tenía la madurez de su hermano mayor, y por eso le entregó el control absoluto a Nader.
Ese rechazo se había convertido en una espina clavada en lo más profundo de su orgullo.
Por eso, cuando se enteraron de que su hermano mayor padecía una enfermedad terminal, Wilfredo y Dora intentaron desesperadamente tener un hijo para ganarse el favor y el respaldo de los ancianos de la familia. Pero el niño no llegó, y, para colmo, su hermano se recuperó.
Eso lo enfureció a niveles inimaginables.
Ahora, su obsesión por engendrar un heredero que cambiara su imagen ante los líderes del clan rozaba la locura.
—No te preocupes. Te juro que no dejaré que esa medicina caiga en manos de nadie más.
Dora sonrió, satisfecha con la determinación de su esposo. Mientras lograran solucionar el problema del heredero, el resto de los obstáculos caerían por su propio peso.
Valeriano, observando de reojo a toda esa gente con agendas ocultas, tomó la mano de Roxana y se dirigió a Gema.
—Tía Gema, tienes que seguir atendiendo a los invitados. Llevaré a Roxana de vuelta al piso de arriba.
Al ver que Roxana no ponía ninguna objeción, Gema asintió con una sonrisa.
—De acuerdo, suban ustedes primero.
Yara aún no lograba asimilar la humillación de la bofetada, pero al ver a Roxana alejarse con tanta arrogancia, el coraje la hizo reaccionar y quiso ir tras ellos.
—¡Detente ahí!
Hoy era el día de la presentación formal entre la familia Carrillo y la familia Montes. Los abuelos, así como Rafael y Marina, seguramente estaban arriba. ¡Iba a subir a quejarse y a desenmascarar frente a todos el comportamiento salvaje de Roxana!

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