—Director Carrillo, qué gusto verlo.
—Director...
Muchos de los invitados que lo conocían se pusieron de pie de inmediato para saludar a Clemente Carrillo. El entusiasmo fue tal que Joseph y Nader quedaron completamente ignorados. Joseph no estaba dispuesto a ser un actor secundario, así que tomó la iniciativa de saludar a algunos empresarios, integrándose rápidamente a la amena charla de los grupos.
Nader, en cambio, se quedó atrás. Aunque la lista de invitados era inmensa, cualquier persona con un mínimo de estatus ya estaba rodeando a Clemente o a Joseph. Los demás eran familiares lejanos de empresarios menores o camareros encargados de las bebidas. Sin ánimo de socializar, se quedó sentado en su silla de ruedas.
—¿Qué les pasa a estos idiotas? ¿Cómo se atreven a ignorar a mi papá? ¿Acaso olvidaron de lo que es capaz la Familia Solórzano? —murmuró Annette, visiblemente indignada por la escena.
Sandra, que acababa de ser llamada por Joseph, la escuchó justo cuando iba a alejarse y le advirtió.
—Annette, cálmate. Ustedes no son los protagonistas esta noche. Ten cuidado, no vayas a ofender a alguien y terminen echándolos a patadas.
El Consorcio Carrillo tenía una posición altísima en el país. Aparte de sus socios comerciales, los invitados de esa noche eran la crema y nata de la sociedad de Veridia. Además, figuraban invitados de talla mundial como la legendaria Doctora Serena y la artista S. Causar problemas ahí sería un error garrafal.
Últimamente, Annette había soportado el desdén de muchos debido a la enfermedad de su padre. Esta gala suponía ser su gran regreso triunfal, y ver que nadie les prestaba atención a ellos ni a la Familia Solórzano la hervía de rabia. La advertencia de Sandra fue la gota que colmó el vaso.
—Ocúpate de tus propios asuntos y deja de meterte en los míos.
Sandra enarcó una ceja al ver que su buen consejo fue despreciado. Sin decir más, caminó hacia Joseph.
—Papá.
—Ven, Sandra. Te presento a los señores de los que tanto te he hablado...
Sandra saludó a los veteranos empresarios con elegancia y soltura, ganándose halagos de inmediato. Su popularidad solo hizo más evidente la humillante soledad en la que se encontraba Nader.

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