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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 1147

Los presentes, deslumbrados por la repentina luz, se cubrieron los ojos con las manos.

Al acostumbrarse al resplandor, pudieron ver a un joven vestido con un elegante traje formal sentado justo en el centro del destrozado salón.

Parecía un demonio de una belleza sobrenatural salido del mismo inframundo. Sus ojos de un azul intenso tenían el poder de cautivar el alma y de cada uno de sus movimientos emanaba un aura misteriosa y asfixiante.

—¿Quién es él?

—Ni idea, creo que jamás lo había visto.

—Se ve muy peligroso... ¿Será él quien orquestó todo esto?

Los invitados amontonados cerca de la salida, como sardinas en lata, lo observaron con una mezcla de pavor y cautela.

Patricio Solís esbozó una sonrisa relajada y cruzó las piernas con suma elegancia.

Sosteniendo una copa de vino tinto en una mano y una cuchara de oro descansando perezosamente sobre su rodilla en la otra, habló con voz suave.

—Lamento haberles arruinado la fiesta, pero no tuve alternativa. Esta noche debo llevarme la Esencia Primordial.

Cuando estalló el caos, Patriciano Soler había intentado abrirse paso hasta su familia, pero la fuerza de la estampida fue demasiada y terminó siendo arrastrado por la multitud.

Ahora que las luces habían vuelto, finalmente pudo soltarse del embudo humano.

Al escuchar las palabras de aquel joven, fue el primero en protestar.

—La Esencia Primordial es un tesoro incalculable y todos aquí vinimos a ganárnosla limpiamente en la subasta. ¿Con qué derecho pretendes quedártela solo porque lo dices? Además, el Príncipe Zachary está presente. Si él se niega, ¿planeas robársela a la fuerza?

Al oír su nombre, Zachary frunció el ceño, confundido. ¿Cuándo había dicho él que no se la daría?

Mateo Soler reconoció el tono de su hermano. Giró la cabeza, esperando verlo, pero se topó con un rostro completamente desconocido.

—Entonces, ¿te opones a mí? —Patricio ladeó la cabeza ligeramente, buscando al dueño de la voz sin éxito.

—¡Por supuesto que me opongo! —Aunque Patriciano nunca había tratado con Patricio, el lenguaje corporal del hombre dejaba claro que era alguien de extremo peligro.

Mientras hablaba, Patriciano recorrió con la mirada a los jóvenes ricos que minutos antes lo llamaban «hermano» y le daban palmadas en la espalda.

Sin embargo, nadie lo respaldó.

Algunos incluso fingieron desmayarse para no tener que cruzar miradas con él.

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