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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 1156

—¡Dame otro frasco del antídoto! ¡Rápido!

Ya casi no aguantaba el dolor.

—¡Nader es demasiado arrogante! Hace un momento criticaba a la gente por no saber pedir las cosas y ahora viene a darnos órdenes como si fuéramos sus empleados —protestó Gema, indignada, dispuesta a ir a encararlo.

Bernardo la detuvo de inmediato.

—Roxana lo tiene bajo control. No vayamos a estorbar. Ya lo dijo Mateo: tenemos la mejor visión desde aquí, hay que quedarnos para cuidarle la espalda.

Gema miró a Mateo, quien, aunque tenía una expresión colérica, seguía firme en su posición. Solo entonces contuvo su impulso.

Roxana era la prioridad.

Valeriano ya había aprovechado que toda la atención estaba centrada en ellos para moverse sigilosamente hacia un rincón oscuro, preparándose para ejecutar la siguiente fase de su plan.

Nader seguía esperando que Roxana le diera el antídoto, pero ella se negó en seco.

—Ya te di tu dosis. No hay una segunda oportunidad.

—¿Qué dices? —Nader creyó haber escuchado mal.

—Que se te acabó el turno.

Annette, que había estado resguardada por sus guardaespaldas todo el tiempo, ya no pudo contenerse. Aunque su madre le había dicho que no interviniera, ver a Roxana humillando a su padre la sacó de sus casillas.

—El antídoto de mi papi se lo tomó el Director Cifuentes, ¡así que ese cuenta como el de él! ¡¿Por qué no le das uno a mi papá?!

Roxana esbozó una leve sonrisa.

—Si lo quieres, dile al Director Cifuentes que me lo pida.

Annette no pensó que fuera un problema y de inmediato le rogó a Clemente que lo solicitara por ella.

Sin embargo, Clemente no hizo lo que le pidió. En lugar de rogar por el antídoto, se dirigió a Roxana.

—Si no pido el antídoto por él, ¿estarías dispuesta a venir de nuevo al Hospital Edson?

Si ella iba, él tendría la forma de retenerla.

¡Y entonces podría estudiarla a fondo!

Roxana captó las dobles intenciones en sus palabras.

El interés de Clemente en ella no era cosa de dos días. Antes se había preguntado por qué la espiaba tanto, y luego descubrió que lo que realmente le obsesionaba era su talento.

Pero para los demás en la sala, aquellas palabras sonaron muy distintas.

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