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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 1174

Estela Solórzano ya tenía el alma rota al ver a su hija envenenada. Al escuchar la confesión de Dora, el dolor se transformó en una furia incontenible. Dejó a Annette en el suelo, se abalanzó sobre su cuñada y comenzó a golpearla sin piedad con su bolso de diseñador.

—¡Dora, ¿acaso no tienes corazón?! Annette siempre te trató con respeto, ¡hasta te consideró su amiga y te confió sus secretos! Y tú, aprovechando que mi esposo estaba al borde de la muerte y que mi hija y yo estábamos desesperadas, incitaste a Wilfredo a robarnos todo, empujándonos al abismo.

Jadeaba de rabia entre cada golpe.

—Ahora que mi esposo se ha recuperado y decidió perdonarles la vida, ¡tienen la desfachatez de aliarse con extraños para volver a atacarlo! ¡Y por tu culpa mi hija está en este estado! ¡Eres una víbora venenosa!

Estela, nacida y criada en la alta cuna, siempre fue la viva imagen de la elegancia. Cuidaba la reputación de su familia con recelo y jamás perdía los estribos en público. Pero en ese momento, las apariencias le importaban un rábano. ¡Quería matar a esa infeliz a golpes!

El bolso de diseñador era pesado y sus esquinas estaban reforzadas con metal. Cada impacto era brutal.

Dora no aguantó el castigo e intentó escabullirse, pero fue inútil. En un mal movimiento, una de las esquinas metálicas le dio de lleno en la frente, rasgándole la piel.

Se llevó la mano a la cara y sintió la sangre espesa resbalando por sus dedos.

—¡Ah! ¡Me vas a dejar la cara marcada! —gritó, histérica.

Se puso de pie de un salto y empujó a Estela con todas sus fuerzas. Los guardaespaldas reaccionaron rápido y lograron sostener a la señora Solórzano antes de que cayera al suelo.

—¡Atrápenla! —rugió Nader al ver que Dora se atrevía a devolver el golpe.

—¡Señorita Soler, tenemos un trato! —Dora, consciente de que no tenía oportunidad contra los matones, corrió a esconderse detrás de Roxana.

Los guardaespaldas frenaron en seco. Sabían perfectamente de lo que eran capaces Roxana y Valeriano. Además, con Bernardo Montes y Mateo Soler respaldándolos, acercarse era un suicidio.

La mirada de Nader se oscureció. Clavó sus ojos en Roxana y exigió con voz de hielo:

—Doctora Serena, ¿está completamente segura de querer interferir en los asuntos internos de la familia Solórzano?

Zachary y Bernardo intercambiaron una mirada incrédula. El hombre estaba con el agua al cuello y aún tenía el descaro de amenazar a Roxana.

—Nader, ¿te crees el dueño del mundo por ser un Solórzano? —intervino Zachary, cortante—. Te recuerdo que acabas de participar en el secuestro de un miembro de la realeza. Si me da la gana, borro a tu familia entera del mapa.

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