Por el auricular se escuchaba la voz parlanchina de Julián:
"El Hospital Regional de Olmos que me pediste investigar se quemó por completo hace diecinueve años. Ya no queda casi ningún archivo. ¿Por qué el repentino interés?".
Roxana esbozó una media sonrisa. "¿Crees que la gente de ese orfanato siempre supo quiénes eran mis verdaderos padres?".
Sus primeros recuerdos eran de aquel orfanato, un lugar que bien podría llamarse el infierno en la tierra. Los niños allí no eran más que bancos de sangre y de órganos para los ricos, o simples ratas de laboratorio para experimentos médicos.
A los cinco años, cada parte de su cuerpo ya tenía una etiqueta con un precio, esperando a que sus órganos maduraran para ser cosechados.
Si no fuera porque su sangre resultó ser compatible con la de Alcira y los Maldonado la compraron, probablemente no habría sobrevivido.
Esa era la única razón por la que había tolerado todos los maltratos de los Maldonado y de Alcira durante tantos años.
Cuando por fin creció y tuvo el poder suficiente para vengarse de esos monstruos del orfanato, descubrió que el lugar estaba en ruinas. El personal y los cientos de huérfanos habían desaparecido sin dejar rastro.
Había pasado años buscándolos. Y ahora que conocía la verdad sobre su desaparición, las piezas del rompecabezas empezaban a encajar.
Su secuestro parecía haber sido una conspiración premeditada de principio a fin...
Días después, en la sala de la familia Soler.
Roxana observaba, con un ligero tic en el ojo, cómo Marina seguía empacando un montón de cosas sin parar.
Tras asegurarse de que llevaba ropa y artículos personales más que suficientes, Marina aún le dio indicaciones con preocupación. "Papá y mamá no pueden acompañarte a Puerto Esperanza. Cuando llegues, si te falta algo, llámanos y mandaremos a alguien para que te lo lleve".
Rafael le entregó una tarjeta bancaria y un manojo de llaves. "Este es tu dinero para gastos. Te depositaré cada mes. Si no te alcanza, dímelo. También te doy las llaves de una casa en Bahía Delfín. Si no quieres vivir en el campus, puedes quedarte ahí. Alguien irá a limpiar con regularidad".
Roxana no lo rechazó y tomó las cosas.
"Además", Rafael hizo una pausa, "ya hablé con un viejo amigo. El hijo de su familia te cuidará mientras estés allá. No tengas pena de pedirle ayuda si necesitas algo".
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