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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 572

La expresión de Dulce se endureció. «¿En qué momento esta gente logró infiltrarse hasta aquí? ¡Y ni siquiera me di cuenta!»

Al ver su sorpresa, Balthazar soltó una risa suave.

—Eso es lo de menos. Entrégame lo que tienes y te dejaré el cuerpo entero. De lo contrario, te cortaré en pedacitos y los esparciré por todo el Centro de Investigación.

Dulce contuvo el aliento, pero se aferró aún más a la carpeta.

—¿No les da miedo el karma? Se han aliado con la familia Sarmiento para lastimar a incontables pacientes inocentes, ¡e incluso usan hospitales como fachada para jugar con vidas humanas!

—¿Aliarme? —La sola palabra hizo que los fríos ojos del hombre se llenaran de un desdén absoluto—. Esas pequeñas basuras de la familia Sarmiento no son dignas de ser mencionadas en la misma oración que yo. Y en cuanto a ese karma del que hablas... Ja, la verdad es que yo también lo espero con ansias.

—¡Eres un maldito enfermo! —le gritó Dulce. Acto seguido, agarró el frasco de reactivos más cercano y lo estrelló con fuerza contra el suelo.

En el instante en que el cristal se hizo añicos, una densa nube blanca de olor irritante inundó la habitación.

El humo era tan espeso que ocultó de inmediato las siluetas de ambos; ni siquiera a un metro de distancia se podía distinguir nada.

Aprovechando que conocía el laboratorio como la palma de su mano, Dulce se tiró al suelo y empezó a gatear a ciegas hacia otra puerta que tenía cerradura de huella dactilar.

El hombre, claramente sorprendido por la astucia de su pequeña presa, soltó una carcajada que resonó en el ambiente mientras caminaba por la habitación con la tranquilidad de quien da un paseo por el parque.

—Vaya, vaya. Este debe ser el famoso Humo X2 que su centro acaba de desarrollar, ¿verdad? Debo admitir que apesta, pero es un truco de escape excelente. Ese olor irritante bastaría para hacer retroceder a cualquiera.

»Qué lástima que conmigo sea inútil.

»Sé perfectamente hacia dónde te diriges. Más te vale esconderte bien antes de que yo llegue a esa puerta con contraseña. ¡Porque en el segundo que te encuentre, te romperé las dos piernas!

Su voz era suave y perezosa, pero destilaba una crueldad espeluznante.

Aunque Dulce no era ninguna novata, escuchar cómo aquel sujeto hablaba de romperle las piernas con tanta ligereza hizo que su respiración se agitara por el pánico.

—¡Ah! Ya escucho tu respiración, ratoncita —exclamó él, maravillado, con los sentidos afinados como los de un felino cazador.

Sabiendo que estaba en aprietos, Dulce se arrastró a toda prisa y se escondió debajo de un escritorio pesado.

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