—Serena, has cambiado muchísimo. Ya solo me buscas cuando necesitas algo. Nada que ver con esos tiempos en los que nos escapábamos a los clubes privados o cuando me llevabas a ver peleas clandestinas. ¿No me digas que tu prometido te tiene amarrada?
Roxana se quedó en blanco. No esperaba que Zachary, en lugar de ir al grano, comenzara a reprocharle su ausencia, echándole la culpa a Valeriano Sandoval.
Al no escuchar respuesta, Zachary interpretó su silencio como una confirmación y su tono se volvió indignado.
—¡Serena! ¿Cómo es posible que ese hombre sea tan controlador contigo? Llevamos años siendo amigos. Parece muy correcto, ¡pero tiene una necesidad de control insoportable! Te lo digo yo, esa clase de hombres no vale la pena. Un hombre debe ser un caballero, como yo...
Zachary no paró de soltar una retahíla de elogios sobre sí mismo.
Roxana, perdiendo la paciencia, lo interrumpió de tajo.
—Si no vas a hablar del asunto, te cuelgo.
Al notar el tono frío, Zachary comprendió que se había excedido. Frenó en seco su autopromoción y adoptó un tono serio.
—La persona que me pediste investigar... ya sé quién es. La organización a la que pertenece es bastante turbia. Personalmente, te sugiero que dejes esto por la paz.
—Se llama Legión Death.
Los ojos verdes de Zachary se abrieron de par en par, incapaces de ocultar su asombro.
—¿Cómo... cómo sabes eso?
—Mis lazos con esa organización son mucho más profundos de lo que te imaginas —respondió Roxana, y luego añadió con perspicacia—: Y si te asusta tanto como para intentar detenerme, significa que quienes están detrás de ellos tienen nexos directos con la realeza o incluso pertenecen a ella.
La expresión de Zachary se volvió sombría. No esperaba que ella hubiera deducido tanto.

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