—¡Eso es imposible! ¡Soy la consentida de mi abuela, ella jamás diría algo así! ¡Seguro fue Roxana! ¡Ella le envenenó la mente hablando mal de mí, por eso mi abuela está confundida y dijo todo eso!
Yara perdió los estribos al instante. Entró en un ataque de pánico y desesperación. Ya no tenía lugar en la familia Soler; le había costado muchísimo mantener el apoyo de sus abuelos y simplemente no podía soportar las consecuencias de perder esa protección.
La enfermera, lejos de conmoverse ante su colapso, le respondió con frialdad:
—Ya cumplí con lo que me pidió. Escuché lo que decían. Ahora, no puedo hacer más por usted.
Al ver que la enfermera se giraba para irse, Yara la detuvo de un manotazo.
—¡Espere! ¡Aún tengo a alguien a quien pedirle ayuda!
Pero esta vez la enfermera fue tajante.
—Me arriesgué mucho viniendo a escuchar y traerle el mensaje. Aunque no hablé directamente con su familia, usted obtuvo la información que quería. No volveré a jugarme el puesto.
Yara cambió la expresión por una mirada venenosa.
—No, no puede negarse. Usted misma lo admitió: no entregó el mensaje que le pedí. Así que me debe un favor. Si no lo hace, gritaré a los cuatro vientos que me robó el collar. Es una pieza exclusiva, hecha a medida. ¡Será facilísimo rastrearla, y a ver cómo explica usted eso!
—¡Usted...! —La enfermera palideció al darse cuenta de la trampa en la que había caído. La sangre le hirvió de coraje.
—Si no quiere cooperar, entonces devuélvame mi collar —exigió Yara, extendiendo la mano con prepotencia.
La enfermera apretó la joya por instinto. No quería devolverla.
Yara se dio cuenta de su avaricia, relajó un poco la postura y bajó el tono, usando una voz más dulce.
—Tranquila. Esta vez no le pediré que husmee por el hospital. Solo quiero que le lleve un mensaje a alguien que está afuera. Mientras usted no diga nada, nadie se enterará.
¿Afuera del hospital?
La enfermera sopesó la idea. Las órdenes estrictas del hospital prohibían filtrar información de lo que ocurría adentro, pero nadie había mencionado nada sobre pasar recados hacia afuera. Eso le daba un margen de maniobra.

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