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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 166

La gran mayoría de los presentes eran estudiantes comunes, y, al igual que Ximena, soñaban con entrar a la Academia de Élite.

Aceptar la propia mediocridad es difícil, pero reírse de los fracasos de otros es sencillo.

A través de esas burlas crueles, sentían que habían encontrado a alguien más humilde y menos afortunado, lo que les daba una efímera sensación de superioridad.

Como si enfocar toda la atención en los cinco fracasos de Ximena hiciera que los suyos propios fueran más llevaderos.

Pero en el fondo sabían que cualquiera de ellos podía ser la próxima Ximena.

Al verlos quedarse callados y con el rostro tenso, Roxana supo que había tocado una fibra sensible.

Pero no se detuvo; sus palabras se volvieron aún más afiladas.

—Tal vez lograron llegar en uno o dos intentos a donde Ximena llegó tras cinco. ¿Y qué? ¿Acaso esa pequeña diferencia es suficiente para sentirse superiores?

Nadie pudo articular una sola palabra.

El chico que antes hablaba estaba rojo de vergüenza, pero aun así insistió:

—¿Y qué tiene de malo? ¡La sociedad es la ley del más fuerte!

Los labios de Roxana dibujaron una sonrisa gélida y su aura imponente cayó sobre ellos como una montaña.

—¿La ley del más fuerte? Si es así, ¿qué derecho tienen a cuestionarme?

¿Acaso no sienten vergüenza de usar sus mentes retorcidas para suponer cosas sobre mi relación con Don Abelardo?

¡Saben perfectamente quién es él y que nunca podrían igualar las contribuciones que le ha hecho al país! Si él estuvo dispuesto a romper sus propias reglas para meterme a la Academia de Élite, ¿de verdad creen que fue solo por mi cara bonita? Si las cosas funcionaran así, la universidad y Puerto Esperanza no tendrían futuro para personas como ustedes.

Las expresiones de los presentes cambiaron por completo.

Sus palabras eran duras, pero la lógica era impecable.

El simple hecho de mantener la calma y ponerlos en su lugar ante una tormenta de insultos ya era prueba de su gran capacidad.

Ximena y Camila, primero sorprendidas, agitaron las manos con timidez para aceptar las disculpas, diciendo que no había problema.

Era normal que hubiera malentendidos entre compañeros.

Sin embargo, no todos se disculparon.

Varios seguían mirándolas con abierta hostilidad, esperando verlas fracasar, mientras otros, sintiéndose descubiertos y sin saber qué hacer, apartaban la vista.

Caleb Valente, que había observado los movimientos de Roxana, había creído inicialmente que ella solo estaba echando más leña al fuego. Pero tras escuchar sus contundentes palabras, no pudo evitar quedarse pensativo.

Incluso él, al que todos llamaban genio, había sido cegado por el prejuicio de pensar que ella no merecía el favor de su tío abuelo.

Solo en ese momento comprendió que Roxana Soler, en verdad, no era una chica ordinaria.

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