Relajó la mano que sostenía el violín, su mirada era tranquila mientras observaba a los miembros del jurado.
—En efecto, no es ninguna coincidencia.
Las pupilas de Lidia se contrajeron.
—¿Lo estás admitiendo?
—Por supuesto que no —respondió Silvano, paseando su mirada por los jueces hasta detenerse en un engreído Marco—. El que plagió fue Marco. Lo hizo la vez pasada y lo volvió a hacer ahora.
—¡Mientes! —gritó Marco—. ¡Fuiste tú quien robó mi partitura y te niegas a aceptarlo! Pensé que habrías aprendido la lección para corregir tu camino, pero tienes el descaro de mentir frente a Don Abelardo. Lo que no sabes es que yo ya estaba prevenido. Mi partitura no solo está registrada con mis profesores, ¡sino que también la subí a mis redes sociales!
Mientras hablaba, sacó su celular, abrió su perfil público y reprodujo el audio para que todos lo escucharan.
—Ese estribillo suena idéntico al de Silvano.
—Incluso los acordes son iguales, ¡esto no puede ser una casualidad!
Uno de los jueces señaló de inmediato el punto clave:
—El audio de Marco fue publicado hace una semana. Silvano, dices que no lo copiaste, ¿tienes alguna prueba más contundente que la de él?
Silvano se mordió el labio, aparentemente frustrado.
—No.
Al escucharlo, una sonrisa discreta se dibujó en los labios de Marco.
Se había preparado muy bien para esta jugada. Publicó el audio con anticipación y pagó una fortuna a un experto en informática para que alterara la fecha de publicación en la plataforma.
Su contraataque fue tan preciso que el rostro de Lidia se tensó por un segundo.
Pero rápidamente encontró otro ángulo para atacar.
—Profesor Javier, usted mismo dice que nada está claro, lo que significa que todo es posible. Señor director, tengo entendido que en los últimos dos años, tanto las calificaciones académicas como las especializadas de la Clase 5 han sido mediocres, arrastrando hacia abajo el nivel de la Academia de Élite. Ahora que a la clase le quedan muy pocos estudiantes, corren el riesgo de ser disueltos. Sospecho que todo esto tiene una segunda intención. Quizá alguien está moviendo los hilos para evitar que expulsen a Silvano y así salvar a la Clase 5 de la disolución.
—¡Profesora Lidia, eso es una difamación! —estalló Javier, incapaz de creer que lo estuviera acusando con tanta malicia. Su rostro se puso rojo de la ira.
Lidia le respondió sin titubear.
—Profesor Javier, yo no dije su nombre. ¿Por qué se pone tan a la defensiva? Además, la evidencia está frente a nosotros. ¡Es un hecho innegable que su alumno plagió! Eso por sí solo demuestra que usted no sabe administrar su clase. ¡Si no puede con algo tan básico, no merece seguir a cargo de la Clase 5!
—Usted... —Javier estaba indignado, pero no encontraba argumentos sólidos para defenderse. Solo le quedó mirar con desesperación al director—. ¡Director, mi estudiante jamás haría algo así! ¡Por favor, créame!

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