El director dudaba.
Le parecía exagerado que Javier estuviera involucrado en un plan así, como insinuaba Lidia.
Javier apenas llevaba dos años en la universidad; en su primer año, había mejorado drásticamente el rendimiento de la Clase 5, llevándolos incluso a ganar un premio nacional.
Pero es cierto que el éxito solo duró ese año; actualmente, el nivel de la clase había bajado muchísimo.
No solo no ganaron competencias recientes, sino que Silvano, uno de sus pocos alumnos, ya estaba metido en dos escándalos de plagio.
La situación lo tenía acorralado.
—Profesor Javier, entiendo que las palabras de la profesora Lidia son duras, pero tiene un punto. El plagio es un asunto gravísimo. Si Silvano no puede presentar pruebas a su favor, la universidad estará en una posición muy difícil.
Javier sabía que el director tenía razón. Sin querer complicar más a Don Abelardo, apretó los puños, con los nudillos blancos por la tensión.
Marco, al ver que los profesores se ponían de su lado, casi estallaba de orgullo.
Con tono arrogante, tomó la palabra:
—Señores del jurado, esta no es la primera vez que Silvano me roba mis obras. La vez pasada tampoco quiso admitirlo, e incluso trajo a la nueva estudiante de la Clase 1, Roxana Soler, para que testificara por él.
»Esa vez tampoco presentaron pruebas contundentes. Es más, hicieron una apuesta: el que perdiera hoy tendría que abandonar la Academia de Élite.
»Ahora que he demostrado mi inocencia con pruebas, y viendo que él no tiene cómo limpiarse las manos, queda claro que me plagió. ¡Por lo tanto, les pido que sean testigos y me ayuden a hacer cumplir la apuesta!
Lidia, que había invertido tanto esfuerzo hablando, intervino de inmediato.
—¡Así es! Yo también estuve allí. El señor rector me pidió que le entregara al director el documento firmado de esa apuesta. Es hora de hacerle justicia a Marco.
Al director le disgustó su forma de echar leña al fuego y frunció el ceño.
Al ver que él no decía nada, los demás profesores tampoco se atrevieron a abrir la boca.
En cuestión de hablar y manipular, todos juntos no podían ganarle a Lidia.
Molesta por su actitud, Brenda se acercó a ella con tono burlón.
—Roxana, tú también estás involucrada. Hasta firmaste ese compromiso de la apuesta. Ahora que se va a confirmar el plagio de Silvano, está claro que tus sueños de quedar en primer lugar se fueron a la basura. Si tienes algo de dignidad, ve haciendo tus maletas y lárgate antes de que vengan los guardias de seguridad a sacarte a patadas.
Tras su comentario, varios alumnos de la Clase 1 que también habían firmado la apuesta, comenzaron a hablar.
—Mírala, ¡qué sangre fría! Está a punto de perderlo todo y ni siquiera abre la boca. ¡Ya quiero ver cómo llora cuando los guardias la echen a la calle!
—¡Creer que con su nivelcito podía ganar la apuesta contra nosotros! ¡Qué ignorancia tan grande!
Yara Soler, que había estado tensa todo este tiempo, por fin se relajó un poco.
Lanzó una mirada a la impasible Roxana y, fingiendo bondad, dijo con una sonrisa amable:
—Roxana, admito que te equivocaste esta vez. Si no quieres irte de la Universidad del Sur, puedo intentar hablar a tu favor. Pero... dudo que pueda mantenerte dentro de la Academia de Élite.

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