—Justo ahora el rector miró su teléfono, ¿alguien le habrá dicho que hiciera eso?
—Imposible. ¿Quién podría influir en una decisión del rector solo con un mensaje?
—Exacto, ¡debe ser una coincidencia!
Brenda, que esperaba pisotear un poco más a Roxana, chasqueó la lengua con fastidio al ver que el rector le daba otra oportunidad a Silvano.
—Roxana, no te ilusiones. ¿Y qué si el rector lo deja tocar? Un ladrón siempre será un ladrón, jamás podrá llegar a lo alto.
Roxana, que nunca le había dado importancia a Brenda, soltó una media sonrisa y replicó:
—Tienes razón, un ladrón jamás podrá llegar a lo alto y está condenado al fracaso.
Brenda se quedó descolocada. No esperaba que le diera la razón, y una sombra de sospecha cruzó su mirada.
«¿Qué trama ahora?»
—No creas que por darme la razón olvidaré la apuesta. ¡Te aseguro que vas a perder!
Roxana se limitó a enarcar una ceja y no dijo más.
Esa actitud desinteresada y relajada encendió aún más la furia de Brenda.
¡Era evidente que la ignoraba por completo!
—¡Roxana!
—¿Podrías hacer silencio? —intervino Caleb Valente, fastidiado por el alboroto de la chica.
Brenda se puso roja como un tomate. Llena de vergüenza y enojo, pero sin poder hacer nada contra Caleb, se dejó caer en su asiento refunfuñando.
Poco a poco, los cuchicheos a su alrededor se apagaron.
En ese instante, las notas del violín volvieron a sonar por los parlantes.
—Es una pieza extraordinaria. Aunque solo tocó una sección, se siente la lucha y la resistencia debajo de toda esa tristeza. Quien la compuso debe ser alguien de una voluntad inquebrantable, alguien que se niega a rendirse ante el destino. De otra forma, sería imposible expresar ese sentimiento.
Caleb no pudo evitar recordar la pieza que Roxana había modificado anteriormente. Aunque no era tan abrumadora como esta, sentía que compartían una esencia similar.
Discretamente, desvió su mirada hacia Roxana.
Ella estaba mirando la pantalla con total calma, como si todo esto fuera parte de su plan.
«Pero eso es imposible.»
Las piezas para el examen estaban bajo estricto sello. Ni siquiera los jueces las conocían de antemano. Por mucho que su tío abuelo la favoreciera, jamás rompería las reglas por ella.
Al no recibir respuesta de Caleb, Yara levantó la vista y notó que él estaba mirando de nuevo a Roxana.
La envidia y la rabia ardieron en su pecho.
Apretó los puños con tanta fuerza que por poco pierde la sonrisa impecable de su rostro.

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