—¿Estoy viendo bien? ¡La Reina Yara también se puso de pie!
—¿Acaso a ella también le toca en esta ronda?
—Pero... ¡qué coincidencia tan enorme!
Todas las miradas, que hasta hace un segundo estaban puestas en Roxana, se dirigieron instantáneamente hacia Yara Soler.
Yara le regaló a la multitud una sonrisa amigable.
Al acercarse a Roxana, su sonrisa se volvió aún más cálida.
—Roxana, qué coincidencia. No imaginé que nos tocaría juntas.
Roxana le dirigió una mirada fría. Eso probablemente no era ninguna coincidencia.
Eran cinco estudiantes por ronda, y a ella le había tocado el último número: el 110.
Sin embargo, recordaba claramente que cuando entró al salón, la persona que estaba detrás de ella no era Yara.
Así que solo había una explicación lógica: alguien había intercambiado su número con el de Yara.
—Demasiada coincidencia, en efecto. Pero me parece perfecto.
Su tono tan relajado hizo que la sonrisa de Yara perdiera calidez.
«Solo porque tuvo la suerte de recibir unos halagos de mamá y papá la última vez, ¿de verdad se cree mejor que yo?»
—Sé que tú también tienes mucho talento, Roxana. Da lo mejor de ti y no decepciones la confianza que todos han puesto en ti.
Primero, un elogio falso, para luego tender la trampa.
Sin importar si Roxana ganaba o perdía, Yara ya se había asegurado una salida airosa.
Roxana leyó sus intenciones al instante. En sus ojos claros no se reflejó la más mínima perturbación.
—Ya viste de lo que soy capaz. ¿A quién crees que voy a decepcionar?
—¿Qué? ¿La Reina Yara ya la ha visto tocar antes?
—¿Y qué nivel tiene? ¿Es tan buena como dicen?
—Sí, dinos, ¿es buena o no?
—Es verdad, puede que suene un poco arrogante, pero cuando la miras a los ojos, terminas creyendo todo lo que dice sin querer.
—¡Mi corazón está latiendo a mil por hora, ya ni siquiera estoy nervioso!
—Yo igual, aunque todavía no sé si Roxana logre ganar.
Por supuesto, no faltaron quienes intentaron arruinar la emoción.
—Por favor, no sean tan patéticos. Si un par de palabras son suficientes para convencerlos, entonces yo soy Mark Zuckerberg.
—Exacto, quién sabe de dónde saca tanta confianza. Una confianza sin verdadero talento es como un castillo de arena; no hace falta ni el viento para que se derrumbe solo.
—Ya casi es su turno, ¡me siento a esperar a que haga el ridículo! Por supuesto, hablo de Roxana.
—¡Jajajaja, me uno a la espera! ¡Quiero ver qué trucos intenta sacar frente al talento indiscutible de la Reina Yara!
...
Caleb Valente se quedó mirando fijamente a Roxana. Después de escucharla decir tantas «locuras», extrañamente, ya no le provocaba rechazo.
Por el contrario, sentía una extraña anticipación.

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