«Zzz… Zzz…»
El sonido de la estática captó de inmediato la atención de todos en el salón.
La última vez que se activó la megafonía, todos los estudiantes que habían provocado a Roxana terminaron con advertencias gravísimas en sus historiales.
Aunque el rector había dejado la sanción final a criterio de Roxana y esta no parecía tener prisa en actuar, el paso del tiempo hizo que la mayoría olvidara el asunto.
Pero ahora que los parlantes cobraban vida otra vez, los corazones de muchos comenzaron a latir con inquietud.
¿Qué sería en esta ocasión?
—Buenas tardes, queridos estudiantes.
La voz del director administrativo resonó severa en todos los rincones del campus.
—La prueba de calificación para la Academia de Élite ha concluido de manera exitosa. Mañana por la mañana se publicará la lista definitiva de admitidos.
»Como muchos ya sabrán, el primer lugar lo obtuvo la estudiante Roxana Soler, superando todas las expectativas tras su ingreso especial.
»Sus resultados fueron extraordinarios, no solo estableciendo un récord histórico en nuestra Universidad del Sur, sino obteniendo una ventaja de 25 puntos sobre el segundo lugar.
»Un logro como este resulta sobresaliente en todo Puerto Esperanza...
El director se dedicó a elogiar a la joven por varios minutos antes de ir al grano.
—Sin embargo, además de aplaudir el excelente desempeño de nuestra alumna, debo hacer otro anuncio oficial.
»Antes de los exámenes, Roxana Soler firmó una apuesta formal con varios estudiantes. El rector y yo fuimos testigos y poseemos el documento con todas las firmas.
»Con los resultados ya publicados, el desenlace de dicha apuesta es innegable.
»Solicito a los estudiantes involucrados que pasen a mi oficina a la brevedad posible para tramitar su salida.
Al escuchar «tramitar su salida», el color huyó del rostro de los implicados en un segundo.
¿Iban a expulsarlos por la fuerza?
¿De verdad la universidad valoraba tanto a Roxana que no les importaba sacrificar a tres de sus mejores talentos de élite de golpe?
Los que hasta hace un momento albergaban la esperanza de librarse, quedaron mudos por completo.
Los otros dos estudiantes la imitaron, implorándole clemencia a Caleb.
Él los observó con una frialdad gélida, sin que un solo rastro de compasión asomara en sus ojos.
—Lo siento, pero no puedo ayudarlos. Cuando establecieron la apuesta, tanto el director como Roxana les pidieron repetidas veces que lo consideraran bien. Sin embargo, se obstinaron y continuaron sin escuchar razones. Ahora solo les queda afrontar las consecuencias.
—¡No! —Lágrimas de desesperación empañaron los ojos de Brenda—. ¡Caleb, entiéndelo, no pueden echarme! ¡Soy la única heredera de mi familia, no puedo cargar con semejante mancha en mi historial!
»Además, estoy a un paso de participar en el concurso de diseñadores de Maison Milán, y sé que puedo ganarlo. Si logro convertirme en diseñadora oficial de la marca, eso le dará mucho prestigio a la universidad, ¿cierto?
»¡Te lo ruego, ayúdame!
Su súplica fue tan apasionada que incluso Yara sintió cierta lástima.
Ambas pertenecían a la alta sociedad, pero Roxana las había acorralado sin piedad a las dos.
—Caleb, tal vez podrías...
—Ya dije que no puedo hacer nada.

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