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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 237

Y sin embargo, su hijo no mostraba el menor asomo de enojo, sino más bien una genuina admiración por quien lo había superado.

Esa señal resultaba bastante reveladora.

Se preguntó a qué familia pertenecería la chica. Tal vez más tarde podría indagar un poco con su prima.

Mientras tanto, Ricardo, prestando suma atención a lo que Caleb decía de Roxana, se sentía cada vez más aturdido.

¿Esa era la misma hija adoptiva que reprobaba todos los exámenes o sacaba ceros redondos?

¿Cómo era posible que, apenas alejada de los Maldonado, se hubiera vuelto tan brillante?

¿Por qué había ocultado sus talentos? ¿Acaso temía que su familia se aprovechara de su éxito?

Siendo tan talentosa y conociendo a figuras tan influyentes, jamás había movido un dedo para ayudar a la empresa a superar sus crisis.

¡Esa víbora malagradecida, criando cuervos para que te saquen los ojos!

En ese momento, dentro de la sala de descanso.

El Doctor Lorenzo, a pesar de considerarse un médico experimentado con gran prestigio, no pudo evitar quedarse boquiabierto al ver a Roxana emplear técnicas de medicina natural para regular la circulación de la señora e inducir el vómito, expulsando así las toxinas acumuladas.

A pesar de su juventud, manejaba las agujas de acupuntura con la destreza de una experta, sin un solo titubeo en toda la sesión.

Ni siquiera él mismo habría podido hacerlo con tanta precisión.

¡Vaya que las nuevas generaciones venían pisando fuerte!

—Señorita Roxana, si me permite la pregunta, ¿qué técnica de acupuntura acaba de utilizar? Nunca antes la había visto. ¿Podría instruirme un poco cuando tenga tiempo?

En su búsqueda del conocimiento, Lorenzo siempre estuvo dispuesto a dejar a un lado su ego, y gracias a ello había alcanzado el nivel que ostentaba.

Roxana, al notar el repentino respeto en la forma en que él se dirigía a ella, comprendió que había reconocido su verdadera habilidad y sonrió con suavidad.

—No es una técnica extraordinaria. Si quiere, puedo explicársela en un momento; tome nota de lo que pueda y si tiene dudas, me pregunta después.

El Doctor Lorenzo no esperaba que ella compartiera sus conocimientos sin ningún tipo de recelo y, emocionado, le agradeció con un gesto de profundo respeto.

—Se lo agradezco infinitamente, señorita Roxana.

Tras limpiar delicadamente el cuerpo de la anciana, Roxana se dirigió a él.

—Doctor Lorenzo, necesito pedirle un pequeño favor.

Sintiéndose en deuda por todo lo que acababa de aprender de ella, el doctor respondió de inmediato.

—¡Por supuesto, dígame!

—No quiero llamar demasiado la atención en este momento. ¿Podríamos decirle a los demás que fue usted quien salvó a Doña Beatriz, y que yo solo le di algunas sugerencias médicas?

El doctor captó la indirecta al instante. Las luchas de poder en las familias ricas solían ser despiadadas; el talento desmedido atraía envidias peligrosas. Siendo ella tan joven y brillante, era natural que prefiriera mantener un perfil bajo.

—De acuerdo, muchacha. Te debo una muy grande. Si alguna vez necesitas de mi ayuda en el futuro, ¡solo tienes que decírmelo!

Gente con ese nivel de genialidad era difícil de encontrar, así que estaba más que encantado de ganarse su amistad.

Poco después, ambos salieron de la sala juntos.

Todos los que esperaban en la puerta se agolparon de inmediato a su alrededor.

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