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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 261

¿No es este el asistente que siempre acompaña al Heredero Sandoval?

Creo que se llama... Leandro.

¿Qué hace aquí?

¿Acaso el Heredero Sandoval también vino?

Ella frunció el ceño. La subasta de esa noche no sería nada sencilla. Si Valeriano de verdad estaba ahí, las cosas podrían complicarse.

—Preciosa, ¿no venías con el jefe Julián? ¿Por qué estás aquí solita? ¿No me digas que te echó del palco privado? Jaja, ven, vente conmigo. Yo me encargaré de cuidarte muy bien esta noche...

Un hombre de aspecto repulsivo y grasiento apareció de la nada, con una sonrisa babosa, intentando agarrar la mano de Roxana.

Roxana lo fulminó con una mirada glacial.

—¡Lárgate de aquí!

Lejos de ofenderse por el rechazo, el hombre pareció aún más interesado.

—¡Vaya, tenemos a una fiera! ¡Así me gustan! Anda, ven conmigo. Si te portas bien y me complaces, te compraré lo que quieras esta noche.

Al ver que el tipo seguía acercándose sin tenerle el menor respeto a su propia vida, Roxana bajó aún más el tono de voz.

—Te lo diré una última vez: lárgate. Si no lo haces, no me culpes por lo que te pase.

Al ser rechazado por segunda vez, la sonrisa pervertida del hombre desapareció, reemplazada por una mirada siniestra.

—¡Maldita zorra, no te hagas la difícil! Estamos en la Región de los Tres Oros, el paraíso de los hombres y el infierno de las mujeres.

Si me da lástima verte tirada por ahí después de que el jefe Julián te echara, es una bendición para ti. ¡Acepta mi oferta! Si no, una mujer sin dueño como tú terminará siendo subastada como un objeto más.

Los ojos de Roxana se volvieron dos témpanos de hielo.

Había escuchado que las subastas en la Región de los Tres Oros no eran como las demás. Aquí se vendía literalmente cualquier cosa.

Incluso personas.

Nunca lo había visto con sus propios ojos, pero escucharlo en voz alta encendió una furia ardiente en su pecho.

—Como eres bastante bonita y de mi gusto, te daré una última oportunidad. ¿Vas a venir a mi palco o no?

Alrededor había varios invitados y personal del evento, pero ninguno se atrevió a intervenir.

Algunos, por miedo a verse involucrados, preferían dar la vuelta y alejarse.

Roxana soltó una pequeña risa sarcástica. Con sus ojos brillantes como cristales, recorrió al hombre con la mirada y se pasó el cabello por encima del hombro con indiferencia.

—Te digo imbécil y encima te enojas. ¿De verdad crees que por tener a un par de gorilas contigo dejas de ser un estúpido? Qué ingenuo. Para mí, la única diferencia es tener que darle una paliza a un solo idiota o a un grupo de idiotas.

La altivez de sus palabras sacó de quicio al hombre, que empezó a patalear de rabia.

—¡Maldita! ¡Vamos a ver si sigues abriendo la boca después de esto! ¡Atrápenla! ¡Todos a ella!

En ese momento, Valeriano acababa de salir de su palco cuando escuchó la vulgaridad.

Frunció el ceño. Estaba a punto de intervenir, pero alguien se le adelantó.

—Vaya, apenas me fui cinco minutos y ya hay alguien molestando a mi chica. ¿Y encima quieren aprovecharse de su número? A ver quién es el valiente.

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