Las palabras de la Maestra Vera hicieron que el ruidoso lugar quedara en completo silencio.
Antes, cuando había mencionado que Roxana era colega de Gisela, solo los participantes en el escenario lo habían escuchado; pero esta vez, su voz resonó para todo el auditorio.
Nadie podía creerlo.
Gisela, que a duras penas había sobrevivido a otra oleada de dolor, la miró con absoluta incredulidad.
¡Ni siquiera su maestra podía curarla, pero Roxana sí!
¡¿Cómo era posible?!
En las gradas, Yara Soler, que estaba esperando ansiosa ver a Roxana siendo destruida por el odio del público, se quedó de una pieza.
¡La Maestra Vera acababa de decir que Gisela estaba difamando a Roxana, y que solo ella podía salvarla!
¿Por qué Roxana tenía tanta suerte? ¡Todo lo malo que le pasaba terminaba convirtiéndose en un triunfo!
El resto de los espectadores estaban con la boca abierta.
—Si la Maestra Vera defiende a Roxana, entonces de verdad ella no la envenenó.
—No estoy tan seguro. Aunque son de la misma disciplina, representan a universidades diferentes. No podemos descartar un golpe bajo.
—Puede ser, pero piénsalo... ¡Hablamos de la Maestra Vera! Si Roxana realmente cometiera la estupidez de envenenar a alguien en un evento público, ¡y justo frente a sus narices!, ¿crees que la Maestra Vera la habría aceptado como alumna?
El grupo de curiosos se quedó mudo.
«Tenía sentido».
El orgullo y la rigidez de la Maestra Vera eran famosos en todo el país. Durante años, todos los genios intentaron ser sus discípulos, y al final ella solo había aceptado a dos.
El increíble historial de Gisela era algo que todos conocían de sobra.


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