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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 326

Elena estaba convencida de que todo este teatrito de Roxana era una estrategia retorcida para heredar la empresa familiar, así que juraba que, al final, la muchacha cedería si le ponían mano dura.

Alcira pensaba exactamente igual. Si Roxana acababa de descubrir su verdadera familia, ¿por qué seguía dando vueltas por Puerto Esperanza en lugar de largarse a la capital?

Ricardo, totalmente derrotado, se dejó caer en el sofá. Ni siquiera tenía energía para gritarle a su mujer.

—Deja de fantasear. Acaba de enviar una demanda oficial a la empresa. Exige una disculpa pública mañana a primera hora y una compensación de ochenta millones de pesos. ¡Si no lo hacemos, llevará a Alcira ante los tribunales!

Al escuchar la cifra, el rostro de Alcira se congeló.

—¡Descarada! —chilló Elena, perdiendo los estribos—. ¡Si no fuera por el plato de comida que le dimos durante diez años, ya estaría muerta en alguna zanja! ¡Con qué derecho nos exige ochenta millones! ¡Y encima quiere que nos humillemos en público! ¡Está loca si cree que le vamos a dar un centavo!

—¡Nos los exige porque es la puta artista más famosa del mundo! ¡Y porque, en efecto, nuestra hija le robó sus canciones! —rugió Ricardo.

Elena se quedó muda, con la boca abierta, incapaz de articular palabra.

Alcira, temblando de pies a cabeza, se aferró a su vestido y preguntó con un hilo de voz:

—Papá... ¿tenemos... tenemos esa cantidad de dinero?

Ricardo cerró los ojos y negó lentamente con la cabeza, consumido por la desesperación.

La respuesta cayó sobre Alcira como un balde de agua helada, congelándole hasta los huesos.

De pronto, Ricardo abrió los ojos y la miró fijamente.

—Espera, Alcira. Tú me dijiste que Valeriano Sandoval te debía un favor más, ¿verdad? ¡Llámalo ahora mismo! La familia Sandoval no será la más rica de Puerto Esperanza en papel, pero su verdadera fortuna y sus contactos en Veridia son inalcanzables. Si él interviene, puede salvarnos de esta pesadilla.

Elena recuperó el aliento y se sumó de inmediato.

—¡Sí, mi amor, tiene razón! ¡Si tú se lo pides, Valeriano no podrá negarse!

La mente de Alcira se quedó en blanco. Sintió un zumbido ensordecedor en los oídos.

¿Cómo iba a decirles a sus padres que ya había desperdiciado ese último milagro usándolo para ayudar al estúpido de Cristián?

No. No podía decírselo.

Capítulo 326 1

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