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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 961

La empleada, contagiada por la serenidad de Roxana Soler, sintió que su corazón al fin se calmaba un poco.

Después de bajar del auto, Roxana caminó al frente, seguida de cerca por la mujer.

Llevaba tres años trabajando para la familia Montes. Aunque no conocía el lugar como la palma de su mano, estaba bastante familiarizada con él.

Al ver que Roxana se dirigía hacia un punto ciego de las cámaras de seguridad, se apresuró a alcanzarla.

—Señorita Roxana, no hay cámaras por allá, mejor no vayamos. Suba al auto conmigo, iremos a buscar a los guardias de seguridad del fraccionamiento para que nos ayuden a encontrar a la señorita Yara.

Era imposible que la señorita Yara hubiera salido de la calle en tan poco tiempo, seguro le había pasado algo.

No podía permitir que la señorita Roxana se pusiera en peligro.

—No es necesario llamar a seguridad. Tú misma dijiste que Yara iba caminando y que estaba de mal humor, así que lo más seguro es que no quiera que la encontremos. Por lo tanto, ese rincón sin cámaras es exactamente el lugar donde es más probable que se haya escondido.

Su lógica era impecable. La empleada no tuvo cómo refutarla.

Sin embargo, por pura precaución, insistió en que no avanzaran.

—Señorita Roxana, espéreme aquí. Yo iré a echar un vistazo. Si hay algún peligro, usted podrá correr a pedir ayuda.

Pero Roxana se negó.

—No hace falta. Si de verdad hay peligro, quedarme aquí no me salvará de todas formas.

Dicho esto, siguió caminando hacia la oscuridad.

Aquel pequeño sendero sin cámaras estaba flanqueado por arbustos que llegaban hasta la cintura. Aunque había algunas farolas, la luz no era suficiente para iluminar el área por completo.

La empleada estaba muerta de miedo. Temiendo que ocurriera alguna tragedia, recogió una rama del suelo para defenderse.

Al principio quería caminar delante de Roxana, pero la expresión de la joven era tan tranquila, tan segura de que no pasaría nada, que decidió no hacerse la valiente.

—Señorita Roxana, esta zona está muy cerca del lago artificial de las villas. A esta hora hace mucho frío y el suelo puede estar resbaladizo. Camine despacio, no vaya a caerse.

—De acuerdo. —Roxana asintió.

Mientras más se acercaban al lago, más húmedo se volvía el aire. A eso se le sumaba el aullido del viento silbando entre los árboles.

Parecía una escena sacada de una película de terror.

La empleada, con el corazón latiéndole a mil por hora, apretó la rama con fuerza y llamó en voz baja:

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