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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 328

Al fijar la vista en el deslumbrante collar, un brillo oscuro de envidia atravesó los ojos de Yara.

Cualquiera podría ignorarlo, pero ella sabía perfectamente lo que era. Era una pieza de alta joyería diseñada por la exclusiva Maison Milán.

No solo costaba una fortuna, sino que era la única pieza de su tipo en todo el mundo.

Durante años ella había ganado primeros lugares e incluso había llegado a las finales de concursos internacionales, y jamás le habían dado un regalo de esa magnitud.

«Está claro», pensó con amargura. «La sangre tira. Siempre seré la hija de sobra».

—¡Yara, mi amor! —Marina, dándose cuenta de que la joven seguía en la puerta, la llamó y sacó otra cajita—. Mamá y papá también te trajeron algo. Me contaron que los exámenes en la universidad estuvieron terribles y muchos reprobaron, pero tú lograste mantenerte en la clase de honor. Estamos muy orgullosos de ti.

—Gracias, mamá —respondió Yara, esbozando una sonrisa dulce al ver que también habían pensado en ella.

Sin embargo, al abrir la caja, su sonrisa se congeló.

Eran unos pendientes de diamantes comunes y corrientes.

Mientras a Roxana le entregaban una obra de arte exclusiva y mundialmente reconocida, a ella le daban una baratija de catálogo.

¡¿Qué se creían, que estaban dándole limosna a una mendiga?!

—Yara, recuerdo que estos pendientes te gustaban muchísimo. ¿Quieres que te los ponga? —preguntó Marina, ajena al tormento interno de su hija.

Rafael asintió con entusiasmo.

—Sí, tu mamá se volvió loca buscándolos porque estaban agotados en Veridia. Tuvo que llamar a la boutique en el extranjero para hacer un pedido especial solo para ti.

Yara tomó una respiración profunda y forzó una sonrisa angelical, pura y delicada.

—Son preciosos, gracias, de verdad. Pero creo que hoy no me los pondré. Los guardaré para una ocasión especial.

Rafael y Marina se miraron, satisfechos. Ver a sus dos hijas tan felices con sus regalos era todo lo que necesitaban.

—Oigan, y... ¿no hay nada para mí? —interrumpió Darío, asomando la cabeza con cara de perrito abandonado.

La sonrisa de Rafael desapareció en un instante.

—¿Y a ti qué bicho te picó? Eres un hombre hecho y derecho, y ganas tu propio dinero. Si quieres algo, ¡vete y cómpratelo tú mismo!

Marina rápidamente se secó las lágrimas con un pañuelo y miró hacia la entrada.

—Señor Soler, señora Marina. Es un honor conocerlos por fin. Espero que no estemos interrumpiendo su velada familiar.

Eran el Maestro Ezequiel y Sonia.

Cuando Marina logró enfocar la vista y reconoció al hombre que admiraba profundamente, se quedó de piedra.

Rafael fue quien reaccionó primero; caminó hacia la puerta para saludar al legendario maestro, jalando a su esposa de la mano para que saliera del trance.

Fue durante esa charla que el matrimonio Soler se enteró de la verdad: su pequeña Roxana no solo había sacado el primer lugar en la facultad, ¡sino que era la mismísima «Estrella»! La misma leyenda musical que había paralizado al mundo años atrás y luego desaparecido sin dejar rastro.

Ambos estaban extasiados, e inflados de orgullo. Pero, en el fondo, también sentían culpa. ¡El collar ya no les parecía suficiente!

«¡Si hubiéramos sabido que era un genio de la música, le habríamos regalado un piano de colección o algo así!», pensaron casi al mismo tiempo.

Yara observaba cómo todos los presentes hablaban de Roxana como si fuera la segunda venida de Cristo. La envidia y el resentimiento burbujeaban en su estómago, creciendo a un ritmo aterrador.

Estaba a punto de perder la cabeza.

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