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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 330

Dicho esto, a Yara se le llenaron los ojos de lágrimas en un segundo.

Parecía haber sufrido la peor ofensa de su vida.

Roxana ni siquiera parpadeó; su rostro permaneció inmutable.

Darío, dándose cuenta de que la situación se estaba poniendo fea, intervino rápidamente para calmar las aguas.

—Yara, te estás alterando por nada. Roxana no lo dijo con esa intención.

La mirada de Marina también cambió ligeramente. Aunque en el fondo notaba algo extraño, optó por mantener la paz familiar y habló con tono conciliador.

—Tu hermano tiene razón, mi amor. Ustedes dos son hermanas. Si hay algún malentendido, hay que platicarlo tranquilamente para no sacar las cosas de contexto.

Yara sentía que la sangre le hervía de pura rabia.

¡Roxana la había humillado frente a todos! ¡¿Y ahora resultaba que la culpa era suya por «malinterpretarla»?!

Ese favoritismo descarado era asqueroso.

Pero no podía decir ni una palabra, porque si se quitaba la máscara de niña buena, su posición en la familia Soler se iría a la basura.

—Tienes razón, mamá. Ya lo entendí —dijo con la voz temblorosa.

Luego se giró hacia Roxana. Aunque sus ojos ardían de resentimiento, su tono fue una mezcla perfecta de dolor y disculpa.

—Hermana, lo siento muchísimo. Supongo que estoy demasiado sensible hoy.

Roxana soltó una sonrisa ladeada, fría y afilada, acostumbrada a esa clase de teatritos de víctima.

—Qué bueno que te das cuenta.

Yara casi se ahoga con su propia saliva. ¡Se estaba humillando y tragándose el orgullo, y esta estúpida ni siquiera tenía la decencia de suavizar las cosas!

—Bueno, bueno, ya basta. Son hermanas, dejen de pelear. Vengan, coman un poco más antes de que se enfríe la cena.

Marina decidió cortar el drama de raíz y les sirvió comida a ambas en sus platos.

Yara forzó una sonrisa dolorida.

—Gracias, mamá.

—¡¿Qué estás diciendo?! —soltó Alcira, sintiendo que le faltaba el aire—. Papá, ¿estás seguro? Mi hermana apenas conoció a Darío hace un par de semanas. ¡Es imposible que haya llegado tan lejos como para sentarse en la mesa del jefe de la familia Soler!

¡Estaban hablando de los Soler! Una dinastía que competía de tú a tú con la familia Sandoval, o incluso los superaba en prestigio.

Aunque Roxana se hubiera inventado ese título de la genio «Estrella», ¡eso no la hacía digna de respirar el mismo aire que la élite del país!

A Ricardo ya le temblaban las piernas. Era cierto que las cosas con Roxana estaban color de hormiga, pero, al fin y al cabo, él había sido su figura paterna por más de diez años. Si entraba a saludar y se hacía notar, tal vez podría ganarse el favor de Rafael Soler.

—Ustedes dos vayan a buscar a Valeriano. Yo voy a entrar a saludar.

—¡Papá, no...! —Alcira intentó detenerlo, aterrorizada de que el plan se desmoronara, pero su madre la interrumpió.

—Me parece perfecto, ve, mi amor. Nosotras nos encargaremos de Valeriano.

—¡Mamá! ¡¿Cómo dejas que se vaya solo?! —siseó Alcira, desesperada—. Valeriano y la familia Soler tienen excelentes relaciones. ¿Qué pasa si él también está en esa cena? ¡Si papá entra y lo ve, nos va a descubrir y estaremos acabadas!

Elena le acarició el brazo para calmarla.

—No seas tonta. Si el señor Sandoval mandó a uno de sus asistentes a decirnos que lo buscáramos aquí, es porque está en su propio reservado, no con ellos. Además, tu padre aún no sabe que desperdiciaste el favor para salvar a la familia Mota. Este es el momento perfecto para que nosotras hablemos con Valeriano y arreglemos este desastre antes de que él se entere. ¡Vamos!.

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