Yara sonrió con malicia.
—Por eso mismo no podemos depender únicamente de las Maldonado.
Elba la miró con sorpresa y confusión.
—Yara, ¿qué quieres decir con eso?
Al ver que Elba finalmente se había calmado, Yara la soltó y su mirada recuperó la suavidad de siempre.
—Elba, de toda la familia Soler, tú eres la que mejor me trata. Te veo como a una hermana menor, ¿cómo podría dejar que te perjudicaran? Pude entregar ese cheque con tanta facilidad porque sé exactamente cómo hacer que nos lo devuelvan.
Elba abrió los ojos como platos.
—Yara, ¡no me digas que les diste un cheque falso!
—Tenemos que darles uno falso, pero el que les entregué hace un momento era cien por ciento real.
Elba estaba más confundida que nunca.
—Si ya les dimos el de verdad, ¿cómo vamos a darles uno falso?
Yara sonrió con aires de misterio.
—No dije que fuera hoy. ¿Acaso no van las Maldonado mañana a la Mansión Sandoval a buscar al Señor Sandoval? Nosotras también deberíamos ir. De paso llevamos a tu querida prima. ¿Crees que no habrá oportunidades?
Los ojos de Elba se iluminaron al fin. ¡Yara lo tenía todo fríamente calculado!
—¡Yara, eres increíble! ¿Planeaste esto desde que decidimos llamarlas? ¿Por qué no me lo dijiste? Te grité y todo... Lo siento muchísimo, no te enojes conmigo, ¿sí?
La sonrisa de Yara se volvió más dulce.
—Jamás me enojaría contigo. No te preocupes. Vámonos a descansar, mañana nos espera un gran espectáculo.
—Sí, sí, ¡vamos! Ya no puedo esperar. —Elba la jaló emocionada hacia las escaleras.
Roxana arqueó una ceja. No se esperaba que Yara intentara usarla en sus propios planes.
Vaya, parece que no puedo subestimar a Yara.
Mientras tanto, Julián estaba tan impresionado por las estrategias de esas chicas que se había quedado sin palabras.
Cuando volvió en sí, notó que el rostro de su Jefa se había vuelto gélido. Recordando lo que había dicho antes, encogió el cuello instintivamente.
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