—¡Gisela! —exclamó Yara, sintiendo que su sonrisa se resquebrajaba ante la humillación—. ¿Cómo puedes pensar eso de mí?
Aunque Gisela había salido lastimada por la frialdad de Mateo la noche anterior, estaba genuinamente enamorada de él.
Su intención al asistir a la competencia era preguntarle a Yara sobre los gustos de Mateo y buscar una forma de reconciliarse.
Pero apenas llegó, vio a Yara permitiendo que un montón de víboras se acercaran a él, sin la más mínima intención de aclarar que ella era su verdadera prometida.
Llena de rabia, le respondió con brusquedad:
—Si no actuaste como deberías, ¿cómo esperas que piense?
Al ver que la discusión iba en serio, las demás chicas de sociedad no se atrevieron a intervenir y se esfumaron con cualquier pretexto.
Toda la atención y la envidia que Yara había logrado reunir se disipó en un instante por culpa de Gisela.
Y para colmo, todo ocurrió frente a Roxana.
Yara sentía que iba a estallar de ira.
Cuando Gisela solía protegerla, nunca notó lo explosivo que era su carácter.
Ahora que Gisela la atacaba de frente, se daba cuenta de que era una niña mimada que hablaba sin filtro ni consideración.
«¡Con razón Mateo la regañó anoche! ¡Se lo merecía!».
***
—Roxana, esa tal Gisela fue la ganadora en el concurso de Maison Milán, ¿verdad? Escuché que es discípula de la Maestra Vera. ¿Crees que participe en la competencia de diseño o en la de medicina? —le preguntó Otilia Lugo, mirándola con algo de nerviosismo.
Durante el día anterior, Roxana había estado revisando las alineaciones de los equipos con Caleb Valente, por lo que sabía exactamente en qué categoría participaba Otilia.
Roxana le sonrió con tranquilidad.
—No te preocupes. Es casi seguro que Gisela no estará en la de diseño. Pero incluso si lo hiciera, no tienes por qué tener miedo. El subcapitán me dijo que llevas más de diez años estudiando diseño y tienes unas bases sólidas. Además, has enviado propuestas a Maison Milán. ¡Échale ganas, tú puedes!
Braulio, al ver su reacción, se acercó un poco más.
—Ay, no seas así, jefa. El único decente de nuestra universidad en el área de informática soy yo, y contra ese tipo no tengo ni una sola oportunidad. Además, no olvides que alguien te mandó una advertencia provocándote a través de los servidores de la Corporación Sandoval. ¡Quién quita y es él!
Roxana detuvo la mirada por un segundo. Si Braulio no lo hubiera mencionado, casi se le habría olvidado ese asunto.
La persona que logró descubrirla debía haber investigado muy bien sus métodos.
Al ver que no se negaba de inmediato, Braulio insistió.
—Jefa, le dije a Caleb que inscribiera un lugar extra por si acaso en la de tecnología. Si cambias de opinión, búscame.
Justo en ese momento, Patricio Solís salió del baño.
Sus ojos se clavaron de inmediato en Roxana. Al ver que un chico revoloteaba a su alrededor, levantó una ceja con frialdad y caminó hacia ellos.

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