Ese grupito de chicas sabía perfectamente cómo habían alterado las fotografías para crear la falsa noticia. Para darle peso a su historia, habían inclinado los ángulos de dos imágenes a propósito para que pareciera que Roxana estaba recostada íntimamente sobre el hombro de uno de los hombres.
Por eso el rumor había explotado en cuestión de minutos.
Si la universidad iniciaba una auditoría informática formal, era obvio que descubrirían los detalles sucios.
De manera sincronizada, cambiaron su versión.
—¡Señor Rector! ¡No lo hicimos de mala fe! Alguien subió eso a los foros de la universidad y parecía muy real. Solo nos dejamos llevar.
—¡Sí, lo vimos en otro lado! Ahora ese enlace ya no funciona, así que seguro era falso. Estamos dispuestas a pedir disculpas públicas. ¡Por favor, sea indulgente con nosotras!
—¡Solo compartimos la información, no inventamos el chisme! ¡El rector no nos va a expulsar por eso, verdad?
Pensaron que si se negaban a admitir que eran las autoras de la publicación, la escuela no tendría cómo probarlo.
Pero subestimaron colosalmente a Roxana.
—No solo compartieron la información. Dos de las fotos están claramente editadas. Rastreé la dirección IP y salió directamente de los dormitorios del campus.
La líder del grupo, la que estaba en el piso, se levantó de un salto, aterrorizada.
—¡Roxana, ya dijimos que te pediremos perdón! ¿Por qué insistes en destruirnos? ¡Nosotras no lo hicimos, no nos obligues a admitir algo que no es nuestra culpa!
—¡Exacto! ¡Ni que fuera para tanto! ¡No perdiste un centavo, solo fueron chismes! ¿Acaso no merecemos el perdón?
—Fuimos ingenuas y crédulas, sí. ¡Pero no tienes que ser tan perversa y tratar de arruinar nuestro futuro universitario por un berrinche! ¿Verdad, compañeros?
Hicieron hasta lo imposible por evadir la culpa, utilizando el chantaje emocional para intentar que Roxana quedara como la villana vengativa. Inclusa intentaron incitar a los demás estudiantes a apoyarlas.
Esta vez, nadie abrió la boca.
Los estudiantes de las clases de Élite 1 y Élite 5, al ver la lluvia de pruebas de Roxana, supieron que la situación estaba grave y corrieron hacia la entrada principal.
Las chicas chismosas, al ver las pruebas irrefutables en el grupo, miraron a Roxana como si fuera un monstruo salido del mismísimo infierno.
¡Era aterrador!
¡Si ellas habían borrado tanto los documentos como las fotos originales! ¡¿Cómo diablos los recuperó?!
—¡Es falso! —gritó una de ellas, histérica—. ¡Como creíste que nosotras lo hicimos, inventaste estas pruebas de la nada para que nos expulsen!
—¡Sí, eres una maldita resentida! ¡Por tu propio ego, intentas aplicarnos la misma trampa que le pusiste a Marco Sarmiento!
—Marco Sarmiento tal vez sí te plagió, ¡pero nosotras solo nos equivocamos! ¡¿Cómo te atreves a exponer nuestros nombres sin nuestro permiso?! ¡¿Y si los demás estudiantes se lo creen?! ¡¿Con qué cara vamos a mirarlos ahora?!
Se defendían como gatos panza arriba, interpretando el papel de víctimas inocentes.

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