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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 458

Sin embargo, Brenda no se atrevió a decir nada.

—Señor Blanco. —El joven asistente que acompañaba al rector se adelantó preocupado—. Aquí corre mucho viento, ¿por qué no se puso el abrigo que estaba en el auto? Acaba de recuperarse de una cirugía importante, no se vaya a resfriar.

Andrés Blanco le restó importancia con un gesto amable de la mano.

—No te preocupes, me siento mil veces mejor.

Con una sonrisa serena, caminó hasta pararse frente a Roxana.

—Cuando me dijeron que una jovencita acababa de salvarme la vida, dudé un poco. Pero ahora que te veo en persona, sé que es verdad.

A pesar de su corta edad, los ojos de la muchacha reflejaban una paz y una profundidad inusuales. No se había inmutado ante los insultos y tampoco mostraba euforia ante los halagos.

Una tranquilidad absoluta. Una inteligencia que rayaba en la sabiduría.

Ese era un carácter verdaderamente excepcional.

Roxana asintió con cortesía.

—Le agradezco sus palabras. Pero mi tratamiento funcionó tan rápido gracias a que Don Abelardo mantuvo su condición estable todo este tiempo.

El rector, al escuchar que su pequeña pupila le daba algo de crédito, dejó caer su máscara de furia y sonrió con todo el orgullo de un abuelo presumiendo a su nieta.

—Señor Blanco, mi niña es demasiado modesta. Si usted logró escapar de las garras de la muerte, fue gracias a las manos milagrosas de ella.

Evitó entrar en más detalles por la cantidad de estudiantes que los rodeaban.

Andrés asintió con entusiasmo y sacó de su bolsillo interior una tarjeta sumamente discreta y sencilla.

—Esta es mi tarjeta de presentación. Si alguna vez te interesa adentrarte en el mundo de la inteligencia artificial, llámame a cualquier hora.

—Es un honor conocerlo, Señor Blanco. Mi hermano mayor, Darío, me ha contado maravillas sobre usted. Admiro profundamente su entrega y dedicación. Es un verdadero privilegio tenerlo frente a mí.

Andrés Blanco notó la actitud cortante que Roxana había tenido hacia la recién llegada y su propia sonrisa se desvaneció un poco.

—Eres muy amable. La Universidad del Sur es de las mejores del país. Si estudian aquí, seguro tendrán un futuro brillante.

Yara sintió que el pecho se le inflaba de alegría. ¡Seguro el Señor Blanco había asistido a alguno de sus conciertos! Su madre le había organizado presentaciones a nivel nacional e internacional, y esta eminencia debía ser uno de sus admiradores.

—Muchas gracias por sus halagos, Señor Blanco. Seguiré trabajando duro para convertirme en alguien tan ilustre como usted.

Brenda intentó acercarse también, pero rápido se dio cuenta de que no pertenecía a esa liga.

—Por cierto, Abelardo —dijo Andrés Blanco, cambiando de tema bruscamente—. ¿No crees que deberías investigar a fondo a esas alumnas que estaban hostigando a Roxana? Ella es un talento invaluable; no podemos permitir que reciba este tipo de humillaciones.

Las chicas chismosas sintieron que el alma se les iba a los pies.

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