¡Qué indignante, si ni ella misma había disfrutado jamás de ese lujo!
¿Roxana?
Al escuchar la familiaridad con la que Paula la llamaba, Valeriano giró levemente la mirada hacia la joven.
—¿Se conocen muy bien tú y Paula? —preguntó Valeriano.
Roxana se topó con su mirada. Por fuera parecía tranquilo, como si lo preguntara casualmente, pero en el fondo de sus ojos se asomaba un rastro de resentimiento y celos.
—Sí, nos conocemos desde hace muchos años.
Thiago cruzó miradas con los presentes y supo que, en este tipo de situaciones, lo mejor era cerrar la boca y disfrutar del drama en silencio.
Al recibir la validación de la muchacha, Paula caminó pavoneándose hacia Valeriano.
—Exacto. ¡Yo conocí a Roxana cuando tú todavía eras un vegetal postrado en una cama! Que te quede claro, ella es mi tesoro más preciado. ¡Ni se te ocurra ponerle las garras encima!
Valeriano ni se inmutó.
—Demasiado tarde.
Ya le había echado el ojo, e incluso tenía planeado formalizar el compromiso matrimonial lo antes posible.
Al oír eso, Roxana detuvo su masaje, dio la vuelta a la silla y se colocó frente a él.
—¿Quieres retomar el tema del compromiso?
Valeriano, al notar que ella también estaba al tanto, alzó ligeramente sus atractivas cejas. La miró, y un mar de estrellas pareció iluminar sus pupilas.
—Así es. Esa es mi intención.
Roxana ya había notado que la actitud de él hacia ella era bastante ambigua, pero planeaba esperar un tiempo antes de sacar el tema. No esperaba que él ya estuviera tan preparado.
Valeriano notó que ella quería conversar a solas, así que le hizo una seña a Thiago para que sacara a Paula de la habitación.
Paula no quería salir, pero al comprender que debían arreglar sus asuntos entre ellos, finalmente aceptó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESECHADA MANDA