Aunque a Roxana también le encantaba ganar dinero, no estaba dispuesta a exprimir hasta la última gota de sangre de los demás, así que intervino:
—Paula, no hace falta que lleguemos a esos extremos. Mantengamos las mismas tarifas que tienen con otras empresas.
Paula resopló con frustración, como si estuviera viendo a alguien echar a perder una mina de oro.
—¡Y ya empezaste a defenderlo! ¡Por ser tan condescendiente con un hombre, vas a terminar manteniéndolo en la pobreza!
Roxana estaba muda.
¿De qué diablos estaba hablando?
Valeriano, al ver que Roxana no apoyaba la extorsión de Paula, sintió una dulce calidez inundarle el pecho y habló con magnanimidad:
—Las minas son propiedad de los Sandoval. Incluso si no colaboramos con ustedes, igual tendríamos que seguir extrayendo los minerales, pagando mano de obra, insumos y mantenimiento operativo. Cualquier acuerdo con ustedes es ganancia neta para nosotros. Así que propongo una división de las utilidades: setenta por ciento para ustedes y treinta para nosotros.
Ante esa oferta, Paula se quedó sin palabras para atacarlo.
¡Conque el verdadero ciego de amor aquí era él!
***
Una vez finalizada la sesión médica, Roxana y Paula se prepararon para marcharse.
Valeriano insistió en acompañarlas hasta la puerta y no dejó pasar la oportunidad de recordarle a Roxana:
—No olvides mandarme un mensaje cuando llegues a la universidad, para saber que estás bien.
Roxana asintió y aceptó.
Cuando el auto se alejó, Thiago vio que su amigo seguía con la mirada perdida en el horizonte, incapaz de disimular su enamoramiento. Negó con la cabeza.
—Thiago, pide un auto para que me lleve a las oficinas de la empresa. Tengo una junta directiva hoy.
—Claro —suspiró Thiago, aliviado de que al menos recordara que tenía un imperio que dirigir.
Menos mal, no había perdido la cabeza por completo.
***
En la intersección, Roxana y Paula se separaron. Supuestamente, Roxana se dirigiría a la Universidad del Sur, mientras Paula volvía a la residencia de su familia.
Sin embargo, al llegar a la entrada de la universidad, Roxana no ingresó. Esperó a que el vehículo de Valeriano desapareciera y, acto seguido, se subió a un Bentley negro que la aguardaba a un lado de la calle.
Minutos atrás, había recibido una llamada de Julián. Le informó que Ricardo Maldonado estaba haciendo un escándalo en M&R Global, e incluso había llevado a un grupo de reporteros para difamar a la empresa.
Para cuando Roxana llegó al edificio, Julián ya había reunido a la junta directiva en la sala de conferencias.
Cuando ella abrió la puerta, ninguno de los altos ejecutivos se atrevió a cuestionarla. Todos se pusieron de pie de inmediato y la saludaron con una reverencia.
—Presidenta Roxana.
Roxana tomó asiento en la cabecera de la mesa y dirigió una mirada casual a Julián.

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