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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 470

Aunque a Roxana también le encantaba ganar dinero, no estaba dispuesta a exprimir hasta la última gota de sangre de los demás, así que intervino:

—Paula, no hace falta que lleguemos a esos extremos. Mantengamos las mismas tarifas que tienen con otras empresas.

Paula resopló con frustración, como si estuviera viendo a alguien echar a perder una mina de oro.

—¡Y ya empezaste a defenderlo! ¡Por ser tan condescendiente con un hombre, vas a terminar manteniéndolo en la pobreza!

Roxana estaba muda.

¿De qué diablos estaba hablando?

Valeriano, al ver que Roxana no apoyaba la extorsión de Paula, sintió una dulce calidez inundarle el pecho y habló con magnanimidad:

—Las minas son propiedad de los Sandoval. Incluso si no colaboramos con ustedes, igual tendríamos que seguir extrayendo los minerales, pagando mano de obra, insumos y mantenimiento operativo. Cualquier acuerdo con ustedes es ganancia neta para nosotros. Así que propongo una división de las utilidades: setenta por ciento para ustedes y treinta para nosotros.

Ante esa oferta, Paula se quedó sin palabras para atacarlo.

¡Conque el verdadero ciego de amor aquí era él!

***

Una vez finalizada la sesión médica, Roxana y Paula se prepararon para marcharse.

Valeriano insistió en acompañarlas hasta la puerta y no dejó pasar la oportunidad de recordarle a Roxana:

—No olvides mandarme un mensaje cuando llegues a la universidad, para saber que estás bien.

Roxana asintió y aceptó.

Cuando el auto se alejó, Thiago vio que su amigo seguía con la mirada perdida en el horizonte, incapaz de disimular su enamoramiento. Negó con la cabeza.

—Thiago, pide un auto para que me lleve a las oficinas de la empresa. Tengo una junta directiva hoy.

—Claro —suspiró Thiago, aliviado de que al menos recordara que tenía un imperio que dirigir.

Menos mal, no había perdido la cabeza por completo.

***

En la intersección, Roxana y Paula se separaron. Supuestamente, Roxana se dirigiría a la Universidad del Sur, mientras Paula volvía a la residencia de su familia.

Sin embargo, al llegar a la entrada de la universidad, Roxana no ingresó. Esperó a que el vehículo de Valeriano desapareciera y, acto seguido, se subió a un Bentley negro que la aguardaba a un lado de la calle.

Minutos atrás, había recibido una llamada de Julián. Le informó que Ricardo Maldonado estaba haciendo un escándalo en M&R Global, e incluso había llevado a un grupo de reporteros para difamar a la empresa.

Para cuando Roxana llegó al edificio, Julián ya había reunido a la junta directiva en la sala de conferencias.

Cuando ella abrió la puerta, ninguno de los altos ejecutivos se atrevió a cuestionarla. Todos se pusieron de pie de inmediato y la saludaron con una reverencia.

—Presidenta Roxana.

Roxana tomó asiento en la cabecera de la mesa y dirigió una mirada casual a Julián.

«¡Quién sabe qué demonios están haciendo!»

Incapaz de soportarlo más, se levantó dispuesto a irrumpir en las oficinas.

Pero apenas dio un paso fuera de la sala, dos guardias de seguridad le bloquearon el paso.

—Se está llevando a cabo una junta de alto nivel al fondo del pasillo. Personal no autorizado no puede avanzar. Por favor, regrese a su asiento.

Ricardo estaba al borde del colapso.

—¡Soy Ricardo Maldonado! ¡Vine a ver al director Julián y llevo tres malditas horas esperándolo!

—La junta no ha terminado. Tiene dos opciones: vuelve a sentarse a esperar, o lo escoltamos a la salida para que regrese otro día.

En el pasado, siempre que Ricardo visitaba esa empresa, era tratado como un rey. Le servían tés importados que costaban cientos de miles de pesos la onza.

Pero ahora que el Consorcio Maldonado estaba en crisis financiera, esta gente mostraba su verdadera cara, siendo elitistas y pisoteándolo.

No solo se negaban a recibirlo, sino que lo habían dejado tomando agua corriente toda la mañana.

La sangre le hervía, y explotó a gritos.

—¡Cómo se atreven a hablarme así! ¡Les recuerdo que fue su propio director quien rogó por colaborar conmigo! Ahora rompen el contrato sin ninguna justificación válida y encima solo me dan la mitad de la penalidad que me corresponde. ¡Obviamente vengo a exigir respuestas!

—¡Y les advierto una cosa! O van a buscarlo para que me dé la cara ahora mismo, o dejo entrar a los reporteros para que el mundo se entere de lo que están haciendo y me ayuden a exigir justicia.

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