—¿Qué información revelaron sobre mí?
Roxana no parecía alterada ante la noticia.
Sabía que desde que Agustina Méndez tomó su cabello, confirmaría su identidad y no dudaría en actuar.
Julián sonaba preocupado.
—¿Por qué no te asustas? Revelaron que eres «Estrella» y la jefa M, y que eres la heredera de la familia Soler. ¡Pusieron una recompensa de mil millones de pesos por tu cabeza!
—¿Acaso preocuparme evitará que pase? —respondió ella con calma.
Julián se quedó callado, dándose cuenta de que tenía razón. Quien lo hizo estaba preparado y no se detendría.
Pero en el fondo, tampoco estaba tan alarmado, después de todo, ella tenía demasiadas identidades secretas.
—Menos mal que justo revelaron las dos facetas que no tienen habilidades de combate. Puedes usarlo a tu favor para eliminar a sus espías. Pero el que publicó el anuncio no tiene visión. ¡Mil millones es muy poco! ¡Deberían ser al menos cincuenta mil millones! Considerando tus identidades como la Doctora Serena y la dueña de M&R Global, ya estás en la lista de los más ricos del mundo. Y ni hablemos de que eres RS, la leyenda del hackeo; una sola línea de tu código vale millones. ¡Eres una mina de oro andante! Y lo más aterrador es que tu nivel de combate es insuperable. ¡Dudo que haya alguien en el mundo que pueda igualarte!
Roxana tenía esa misma certeza. Desde que logró salir viva del infierno, se había estado preparando para volver a él.
Ahora era su turno de devolver el golpe.
—Ya que esos imbéciles quieren acción, trae a algunos hombres de la Región de los Tres Oros. Mis padres están aquí; asegúrate de que regresen a Veridia a salvo.
—Tranquila, sé que Sexto y sus chicos no podrán con asesinos profesionales. Ya di la orden; mañana a primera hora llegará Sancho con nuestra gente.
Sancho era la mano derecha de Julián y el tercero al mando del Gremio Lobo Sangriento. Su nivel de combate solo era superado por Roxana, siendo incluso mejor que Julián.
—Perfecto. Por ahora mantente alejado de mí, no quiero que mis demás identidades queden al descubierto.
Julián sonrió al instante, dándose cuenta de que lo decía por temor a que Valeriano descubriera su secreto. Su mal humor se esfumó.

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