—Quiero estar más cerca de ti —dijo Valeriano, y al alcanzarla, la rodeó con sus brazos—. Así puedo abrazarte.
Roxana suspiró.
¿No que era frío y distante? ¿Por qué ahora era tan meloso?
—Nos vimos esta tarde, ¿no?
—Nos vimos a las cuatro de la tarde, estuviste media hora y te fuiste. Han pasado exactamente cinco horas, quince minutos y veintidós segundos.
—... —Roxana no pudo evitar pensar que ser tan exacto hasta los segundos era demasiado.
—Roxana. —Al ver que no respondía, frotó suavemente su barbilla contra la frente de ella—. Mañana que vengas, ¿podrías tocar una melodía para mí? La que quieras.
—¿Has escuchado mi música?
Valeriano rio por lo bajo.
—No solo la he escuchado, me fascina.
Roxana guardó silencio. ¡¿Tanto le gustaba?!
Al notar su incredulidad, él la abrazó más fuerte.
—Es cierto. Aunque estaba en estado vegetativo, conservaba el sentido del oído. Escuchaba todo, pero no podía hablar ni moverme. Era una agonía silenciosa que nadie notaba, hasta que escuché tu música. Fue lo único que me sacó de la desesperación y me dio paz.
Roxana sabía que algunos pacientes en ese estado conservaban la audición o el tacto sin poder responder.
—De acuerdo. Mañana tocaré para ti.
Valeriano rio con una voz profunda y magnética.
—Eres tan buena conmigo. Conocerte es mi mayor suerte.
[Mi niña hermosa, me duele en el alma haberte encontrado hasta que ya eras adulta, pero te amo con locura y no menos que a nadie. Quiero darte lo mejor, así que toma este dinero y compra lo que quieras. Cuando tengas vacaciones, ven directo a casa. Te presentaré a todos nuestros amigos y familiares.]
[Hija mía, no soy bueno con las palabras, pero te amo. Me enorgullece verte brillar, pero me culpo por todo lo que sufriste sola. Es culpa mía que tus familiares te hayan despreciado al regresar. A partir de ahora cambiaré eso. Gasta este dinero como quieras, si falta te mando más. ¡Mi hija merece lo mejor del mundo!]
Estaba por responder cuando la aplicación del banco le notificó otra transferencia.
Era de su tío Marcelo.
[Sobrina querida, ya me enteré de lo de hoy. Hiciste muy bien. Luisa y su hija no merecen piedad. Tus padres me contaron lo mucho que has sufrido y me duele el corazón. Como no sé qué les gusta a las chicas, te mando dinero directamente para que te compres lo que quieras. No tengas pena. ¡Para la Gala de Presentación te tendré preparado un regalo enorme!]
Roxana no sabía si reír o llorar ante esta forma tan peculiar de lanzar dinero para demostrar afecto.
Estaba redactando un mensaje de respuesta cuando la llamó Julián.
—¡Jefa! Acabo de enterarme de que alguien usó tu cabello para una prueba de ADN y publicó tu información en la Red de las Sombras. ¡Ahora mismo hay muchos preparándose para ir tras la gallina de los huevos de oro!

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