A Roxana le empezó a doler la cabeza.
—No es necesario que hagas esto.
Yara se tensó por completo, mordiéndose el labio con nerviosismo.
—Roxana, ¿no te gusta lo que preparé? Puedo... puedo buscar otra cosa...
Roxana frunció el ceño.
Yara entró en pánico y se apresuró a añadir:
—¿Temes que el desayuno no sea seguro? ¡No te preocupes! Si desconfías, puedo probarlo yo primero para demostrarte que está bien.
Mientras hablaba, intentó abrir la bolsa de papel sujetando torpemente la caja bajo el brazo.
—Espera —la detuvo Roxana—. Deja el desayuno y llévate el regalo. No lo necesito.
Yara la miró con recelo.
—Pero el collar de verdad hace juego contigo. Me costó mucho convencer a Gisela de que me ayudara a hacerlo, es hermoso.
Roxana se mantuvo inflexible.
—O te llevas todo, o solo dejas el desayuno.
Al ver que su actitud era firme, Yara no se atrevió a insistir y guardó el regalo.
—Entonces te lo entregaré formalmente en la Gala de Presentación.
Tras guardarlo con cuidado, le dedicó otra sonrisa y le preguntó:
—¿Vas camino a clases? ¿Podemos caminar juntas?
Incluso si se negaba, ambas tenían que seguir el mismo camino.
Roxana asintió en silencio.
Yara se sintió inmensamente feliz al ver que, tras su sincero esfuerzo, la relación entre ambas mejoraba. Si seguía a este ritmo, su hermana terminaría por aceptarla. Y si eso ocurría, sus padres y Darío volverían a tratarla con cariño.
A lo largo del camino, todos los estudiantes se quedaban boquiabiertos al verlas juntas.
La rivalidad entre ambas era una leyenda en el campus.
Yara había sido humillada en varias ocasiones por el indiscutible talento de Roxana, por lo que todos creían que se odiaban a muerte. Sin embargo, en cuestión de días, parecían haberse reconciliado.

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