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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 556

—¿Ah, sí? —Roxana esbozó una deslumbrante sonrisa—. Lástima que no vivirás para disfrutarlo.

El matón tatuado, viendo que ella rechazaba su «amabilidad», extendió la mano para agarrarla.

En los ojos de Julián destelló una chispa asesina, pero no se movió.

Fabio se quedó desconcertado. ¿Por qué no iba a ayudarla?

¡Crac!

El crujido de los huesos rompiéndose resonó con absoluta claridad. Todos los presentes voltearon horrorizados y vieron cómo el brazo del hombre se torcía en un ángulo antinatural.

Un escalofrío general recorrió el lugar.

La entrada del club quedó sumida en un silencio sepulcral.

Hasta que el matón soltó un alarido desgarrador, los demás salieron de su estupor y comprendieron que aquella muchacha, aparentemente frágil y hermosa, no era alguien común.

—¡Mi brazo! —gritó el hombre cayendo de rodillas a los pies de Roxana, temblando y cubierto de sudor frío.

Roxana lo observó con gélida indiferencia, irradiando un aura letal e implacable.

Al ver que los demás dudaban, ella esbozó una sonrisa provocadora y los desafió:

—¿Vienen todos juntos?

Su ataque había sido tan rápido que los dejó desconcertados. Ninguno logró ver cómo se había acercado, y todos asumieron que, al estar deslumbrados por su belleza, habían bajado la guardia.

Ante tal provocación, la furia se apoderó de ellos y se abalanzaron con los puños en alto.

El resultado: ¡todos salieron volando de una patada!

Viendo a Roxana en acción, Julián se unió a la pelea.

La situación, que en principio parecía estar en su contra, se transformó en una masacre absoluta en cuestión de segundos.

Al ver que los de la entrada no podían contenerlos, el personal del interior salió corriendo.

Su propio nivel de combate era muy inferior al de ella; no tendría cómo esquivarla.

Pero gracias a que él le cubría la espalda, Roxana no tenía que preocuparse de que alguien la atacara por detrás.

Rápidamente, se abrió paso hasta el tercer piso.

Como era de esperarse en el piso de invitados de honor, apenas salió de las escaleras de emergencia, se encontró con un escuadrón de guardaespaldas altamente entrenados en el pasillo. Todos portaban armas de fuego.

Al verla, le apuntaron simultáneamente.

—¡Tienes que estar loca para venir a armar un desastre al Club Ensueño!

Roxana hizo crujir su cuello y sonrió con frialdad.

—Así es, ¡vine a arruinarles el negocio! Les aconsejo que bajen las armas si no quieren perder la capacidad de sostener una por el resto de sus vidas.

Por supuesto, ignoraron su advertencia. El líder del escuadrón fue el primero en presionar el gatillo.

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