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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 588

Ninguna de las dos se atrevió a decir una palabra.

Solo cuando se aseguraron de que Roxana estaba lo suficientemente lejos, comenzaron a murmurar entre ellas.

—Mamá, ¿qué vamos a hacer ahora? —preguntó Elba con angustia—. Gisela nos dijo que si lográbamos meterle esas ideas a mis tíos en la cabeza, nos ayudaría a conseguir una cita con la maestra Vera Herrera para que siguiera con tu tratamiento. Pero ni siquiera pudimos verlos, ¡Roxana nos echó como a perros! ¿Crees que Gisela igual nos ayude?

Luisa, que ya no soportaba un día más el dolor en sus articulaciones, respondió sin dudar:

—¿De qué tienes miedo? Cuando lleguemos al auto le diremos que todo fue un éxito. ¿Acaso crees que va a venir a preguntarle a mi hermano? No olvides que su mayor deseo es emparentar con la familia Soler. ¡Jamás se arriesgaría a ofendernos!

Madre e hija salieron del recinto y, de inmediato, divisaron el lujoso vehículo estacionado cerca de la entrada.

Gisela, al verlas aparecer, bajó la ventanilla y las llamó apresuradamente.

—Tía Luisa, ¿cómo les fue? ¿Pudieron hablar con el señor y la señora Soler?

—¡Por supuesto que sí! —respondió Luisa con una sonrisa forzada que intentaba disimular su vanidad—. Ya les dejamos las cosas muy claras. Cuando mi hermano escuchó que esa chiquilla estaba detrás de todo esto, se puso furioso. Juró que llegaría hasta el fondo del asunto para hacerla pagar.

Gisela asintió con una profunda satisfacción.

—Eso es maravilloso. Me alegra saber que el sufrimiento de Yara no quedará impune.

Elba tragó saliva en silencio, aterrada de decir algo que delatara la mentira.

—Claro que no —aseguró Luisa con una tranquilidad espeluznante—. Por cierto, ¿para cuándo me conseguirás la consulta con la maestra Vera? No me vayas a salir con excusas, o me veré obligada a contarle un par de cositas a Mateo.

Gisela soltó una risa ligera.

—Descuida, tía Luisa. La maestra me adora. Te garantizo que mañana mismo te estará revisando.

—Y no te olvides de sacar a tu tío Nicanor de donde lo tienen encerrado —añadió Luisa.

—Te doy mi palabra. Cuando regresemos a Veridia, él vendrá con nosotras.

***

Depósito de chatarra.

Yara, a quien por suerte no le habían registrado las pertenencias, leyó el mensaje de texto de Gisela confirmando que el plan había funcionado.

¡Por fin! En cuanto lograra salir de ese basurero, ¡se desharía de Roxana de una vez por todas!

Miró la hora. Ya casi era el momento.

La profesora Agustina le había asegurado que, a esa hora, los actores que hacían de secuestradores «misteriosamente» dejarían una vía libre para que escapara.

Yara, presa del pánico, se lanzó contra la puerta para intentar bloquearla con su peso, pero al empujar, notó que la pesada lámina de metal se movió un poco. ¡Estaba abierta!

El alivio fue tan inmenso que casi se echa a llorar de gratitud.

Se escurrió por la rendija, avanzando de puntillas.

Para no alertarlos, no se atrevía ni a respirar.

Ella creía estar moviéndose con la agilidad de un ninja, pero la realidad era que había tropezado con varias láminas sueltas, haciendo bastante ruido.

Los matones, que tenían instrucciones estrictas de dejarla ir, tuvieron que hacer un esfuerzo monumental para fingir que estaban sordos. Poco faltó para que se taparan los ojos con tal de no «descubrirla».

Cuando por fin vieron a Yara alejarse del depósito y perderse en la carretera, todos soltaron un suspiro de alivio colectivo.

¡Por Dios, al fin se había ido!

Eran criminales de barrio, sí.

Pero no estúpidos.

Una vez a salvo en la carretera, Yara logró detener un taxi para regresar a la ciudad. Solo entonces, mientras marcaba el número de Marina, se permitió romper a llorar desconsoladamente.

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