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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 602

Y para colmo de males, Roxana acababa de disipar cualquier sospecha con aquella excusa tan relajada y natural.

¡Eso la enfurecía aún más!

«¡Todo mi esfuerzo tirado a la basura otra vez!», gruñó Yara para sus adentros.

Roxana notó la frustración mal disimulada en el rostro de Yara y esbozó una levísima sonrisa.

«¿No le encantaba hacerse la víctima? Pues ahora que me adelanté a su jugada, se quedó sin guion», pensó Roxana divertida. «Tan débil y aun así se atreve a intentar sabotearme.»

El revuelo había consumido bastante tiempo y la noche ya había caído por completo. Valeriano sabía que Roxana había tenido días muy pesados y necesitaba descansar, así que no se quedó más tiempo del necesario. Platicaron un rato en la entrada de la casa antes de que él subiera a su auto, resistiéndose a despedirse.

—Entra ya. Cuando estés adentro, me voy. La noche está muy oscura y no quiero que te quedes sola aquí afuera —le dijo en tono suave.

Roxana entendió el cariño implícito en sus palabras y sonrió. Estaba a punto de responder cuando su teléfono comenzó a vibrar.

Era una llamada de Darío Soler.

Contestó de inmediato.

—Roxana, discúlpame por molestar, pero... ¿podrías venir al hospital un momento? —la voz de su hermano sonaba tensa—. Dulce está actuando muy raro. Me empujó fuera de la habitación de repente y se encerró. Por más que los médicos y yo intentamos abrir, la puerta está bloqueada.

La descripción era alarmante.

—Voy para allá ahora mismo —respondió Roxana con seriedad.

Valeriano escuchó la conversación y de inmediato se acomodó en el asiento para hacerle espacio.

En cuanto Roxana subió al auto y colgó la llamada, le explicó la situación:

—Dulce tuvo un ataque. Vamos al hospital primero.

—¡Arranca! —le ordenó Valeriano a Leandro.

Mientras el auto se ponía en marcha, Roxana envió rápidamente un mensaje a sus padres.

«¿Alguien entró a atacarla?», pensó Roxana, alerta.

—¡No... no puedo...! ¡No me voy a rendir! —se escuchó un grito ronco y desgarrador proveniente del baño.

Roxana corrió hacia allá.

—¡Dulce! —exclamó Darío, saliendo de su asombro ante el desastre de la habitación, y fue tras su hermana.

Roxana forzó la puerta del baño sin esfuerzo. Al abrirla, la escena que los recibió los dejó helados.

El suelo estaba cubierto de agua mezclada con sangre brillante. Dulce, empapada en su bata de hospital, estaba de pie bajo el chorro abierto de la ducha. Su aspecto era lamentable, pero al escuchar que entraban, giró la cabeza bruscamente.

A través de los mechones de cabello mojado, sus ojos brillaron con la ferocidad de un lobo acorralado.

—¡Dulce! —gritó Darío, incapaz de entender qué estaba pasando, e intentó acercarse a ella para ayudarla.

Pero Dulce ya no lo reconocía. En un instante, levantó la mano en la que apretaba una afilada cuchilla y lanzó un ataque directo a la garganta de Darío.

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