Ellas creían que ya estaban alcanzando el nivel de Roxana, sin imaginar que la joven se encontraba en una liga completamente superior.
¡Era jueza!
¡Jueza del concurso interuniversitario!
Las universidades que competían en la liga eran de un prestigio inmenso, y entre los jueces había profesores con un talento musical extraordinario.
Esa fue la primera vez que Mónica comprendió, de manera directa, la abismal grandeza de Roxana.
¡Ya estaba al mismo nivel que los mejores maestros del país!
—A continuación, démosle la bienvenida a la participante número 16.
Cuando se anunció su turno, Mónica salió al escenario con paso firme.
De inmediato, sus ojos se posaron en la silla principal del panel de jueces, donde estaba sentada Roxana.
Incluso bajo el resplandor de decenas de reflectores, su presencia era imponente.
A diferencia de Yara, que forzaba un maquillaje sutil para parecer natural, las facciones de Roxana eran incluso más deslumbrantes que las de su tía. Destacaba majestuosamente entre el resto de los jueces.
Roxana se sorprendió un poco al ver a Mónica subir al escenario.
¿Acaso no estaba estudiando medicina natural con su tío Marcelo? ¿Qué hacía en un concurso de música?
Sin embargo, no demostró su asombro y le hizo una seña para que comenzara.
Mónica interpretó una pieza clásica tradicional. Era una melodía segura, de esas en las que es difícil cometer un error, pero también muy difícil destacar.
Ni siquiera ella misma supo cómo logró terminar la presentación.
Cuando llegó el turno de Roxana de calificarla, le dio un seis.
Sobre diez puntos posibles, el desempeño de Mónica apenas rasguñaba el aprobado.
—Mónica, aunque desconozco por qué elegiste una competencia de música en la que no destacas, te sugiero que te enfoques en lo que realmente eres buena.
Mónica la miró aturdida por un momento antes de asentir en silencio.
La siguiente era Yara.
Su aparición desató un murmullo colectivo en el auditorio.

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