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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 813

Roxana se dirigió a la terraza y confirmó que la vista nocturna era, en efecto, maravillosa.

Un río de luces que se asemejaba a un cielo estrellado.

Brillante y espectacular.

Sin embargo, la paz del lugar no tardó en ser arruinada por invitadas no deseadas.

—Annette, ¿no percibes un desagradable olor a pobretón por aquí?

Sandra, sosteniendo una copa de vino tinto, se detuvo justo frente a Roxana. Estaba acompañada por otra joven de la alta sociedad que lucía un vestido de alta costura.

La chica llamada Annette era rubia, de ojos azules y poseía un aura de distinción; a simple vista, parecía alguien con una educación exquisita.

Pero las palabras que salieron de su boca no coincidían para nada con su refinada imagen.

—Sí, hay un tufo raro. Pero tanto tú como yo usamos perfumes diseñados a la medida, Sandra. Nosotras jamás oleríamos a algo tan vulgar. Así que ese olor debe venir de alguien más. Y en esta terraza... —sus ojos azules, como el océano, se clavaron en Roxana con desprecio—. Aparte de nosotras, solo está esa chica. Oye, tú, ¿saliste de algún barrio bajo? ¿Acaso no sabes quién está organizando este evento de élite?

Roxana no tenía ganas de perder el tiempo con ellas, así que se dio la vuelta para regresar al salón.

Pero apenas dio un paso, Sandra le bloqueó el camino.

—¿Ya te vas? Demasiado tarde. Dime, ¿quién te crees que eres? ¿Qué trucos usaste para enredar al señor Montes? Cuéntanos.

Al ver que la chica seguía cruzando la línea, la expresión serena de Roxana se volvió gélida.

—¿Tan rápido olvidaste la lección de ayer? ¿Quieres que te ayude a refrescar la memoria?

Sandra se topó con esa mirada desprovista de emoción, y la humillación que había tratado de olvidar resurgió de golpe.

—Tú... —intentó amenazarla, pero al recordar la facilidad espeluznante con la que esa mujer había derribado a sus guardaespaldas, se tragó sus palabras.

Annette, que nunca había visto pelear a Roxana, notó el silencio de su amiga y de inmediato salió al ataque.

—¡Qué atrevimiento! ¿Cómo te atreves a hablarnos en ese tono? No creas que por haberte colgado del brazo del señor Montes ya pasaste de ser un cuervo a un cisne. Para un hombre como él, las mujeres como tú no son más que un juguete de un rato. Jamás pondrás un pie en la verdadera familia Montes.

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