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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 843

—Yara...

Rafael y Marina miraban la herida en el rostro de su hija, con los ojos llenos de dolor.

Los abuelos también estaban conmocionados, llevándose las manos al pecho, alterados por la situación.

Hilda se horrorizó al ver la sangre. Dio gracias a Dios de que Moni no estuviera allí para presenciar esa brutalidad.

Roxana la miró fijamente, apartó la mano de Marina y dijo con calma:

—Es solo tomarla, ¿verdad? Acepto.

Un brillo oscuro cruzó por los ojos de Agustina y la comisura de sus labios se elevó.

—Entonces hazlo.

—¡No, hija! ¡No te dejaré! ¡Si alguien tiene que tomarla, seré yo! —Marina intentó arrebatarle el tazón, pero Roxana la detuvo sin esfuerzo.

Llevó el tazón a sus labios, lista para tragar el contenido.

Al mismo tiempo, miró a la impostora por el rabillo del ojo. Al verla tan alterada y triunfante, la mirada de Roxana se volvió más fría que el hielo.

¡Había encontrado su punto débil!

Con un movimiento rápido de muñeca, el tazón salió volando como un proyectil directo al dorso de la mano de la impostora.

Agustina tenía la cara disfrazada, pero no las manos. Al darse cuenta de que el tazón volaba hacia ella, intentó esquivarlo, pero fue inútil.

En ese instante, una figura oscura saltó hacia adelante como si hubiera anticipado su reacción. ¡Como una fiera liberada de su jaula, el guardaespaldas se abalanzó sobre ella!

No tuvo más remedio que soltar a Yara.

Aunque Yara estaba aterrorizada, el escozor de la herida hizo que la rabia superara al miedo. Al sentir que la soltaban, no dudó en clavarle los dientes en la mano.

—¡Ah! ¡Suéltame! —gritó Agustina, que nunca pensó que alguien tan dócil como Yara se atrevería a morderla. Le asestó una brutal patada en las costillas, enviándola a volar por los aires.

Yara chocó violentamente contra la esquina de la mesa y cayó al suelo, sollozando de dolor.

—¡Yara! —Marina se arrojó sobre ella para protegerla, sin importarle su propia seguridad.

¡Marcelo ordenó de inmediato a sus hombres que capturaran a la impostora!

—¡Marcelo, atiende la herida de Yara rápido! —apremió Don Hipólito al ver a su hija y nieta en peligro.

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