—¡Julián!
Al notar que se movía, Daniel se abalanzó sobre él, con los ojos brillando de emoción.
Roxana también fijó la vista en Julián.
Sin embargo, él parecía atrapado en una pesadilla; por más que se retorcía y luchaba, no lograba despertar.
—Jefa, algo no está bien. —Daniel extendió la mano e intentó sacudirlo suavemente para ayudarlo a despertar.
Pero apenas lo tocó, Julián reaccionó como si le hubieran quemado. Su rostro se puso rojo y su cuerpo entero comenzó a temblar con violencia.
—¡Daniel, no lo toques!
Roxana lo apartó de un grito, sacó un pequeño frasco que llevaba consigo y extrajo una píldora que le introdujo en la boca a Julián.
Preocupada de que no pudiera tragar, le levantó ligeramente el mentón.
El movimiento le causó un dolor tan agudo a Julián que frunció el ceño con fuerza.
Por suerte, en cuanto la medicina hizo efecto, su rostro se relajó.
Los párpados de Julián comenzaron a temblar.
A su lado, Daniel apenas podía contener su alegría y preguntó en un susurro:
—Jefa, ¿ya va a despertar?
Roxana asintió.
Al segundo siguiente, Julián abrió lentamente los ojos.
Al principio, la luz de la habitación lo encandiló y giró un poco la cabeza, adolorido.
Pero cuando la figura delicada y serena de Roxana apareció en su campo de visión, se agitó de inmediato.
—Je... Jefa.
Intentó hablar, pero su voz no era más que un murmullo apenas audible.
—Estás en la Región de los Tres Oros. Estás a salvo —lo tranquilizó Roxana.
Julián se quedó paralizado un instante, asimilando la noticia, y luego reunió fuerzas para hablar.
—Jefa... el Hospital Edson no es una organización benéfica. Su base central está aquí, en la Región de los Tres Oros, en una isla justo en el centro del archipiélago.

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