—De acuerdo, llámame para cualquier cosa. Siempre que me necesites, estaré ahí al instante.
Roxana le regaló una suave sonrisa, bajó del auto y caminó hacia la entrada de M&R Global.
Después del desastre con Rosalinda, todos en la corporación estaban trabajando con extrema cautela y concentración.
—Presidenta Roxana, buenos días.
—Presidenta...
En su camino hacia el ascensor, numerosos empleados la saludaron con evidente respeto.
Roxana asintió levemente en señal de cortesía.
Al llegar al último piso, justo cuando se abrieron las puertas del ascensor, vio a Sol esperando pacientemente en el pasillo.
Lo supo al instante.
—¿Sebastián Salas ya está aquí?
Sol no esperaba que la Presidenta lo adivinara antes de que ella siquiera abriera la boca, y su admiración por la intuición de su jefa creció aún más.
—Sí... El Director Sebastián y Donia están aquí. Trajeron abogados y argumentan que no cometieron ninguna infracción, por lo que la empresa no tiene bases legales para despedirlos. Además, exigen una indemnización millonaria por los daños morales y a su reputación.
Roxana soltó una carcajada sarcástica.
—Qué cinismo. Se nota que aquí los tenían acostumbrados a tratarles como reyes.
Sol bajó la mirada de inmediato, sin atreverse a opinar.
—Llévame con ellos.
Sol abrió los ojos, sorprendida.
—¿Irá sola? ¿No prefiere que llame a Daniel?
—No hace falta —rechazó Roxana con frialdad.
Sol la guio apresuradamente hacia la sala de juntas.
Al escuchar pasos en la entrada, Sebastián levantó la vista de inmediato.

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