Las palabras de Sebastián alternaban entre la queja y el orgullo, enfatizando cada sílaba para remarcar sus supuestas aportaciones a M&R Global.
A un lado, Donia no tardó en hacerle eco para apoyarlo.
—Es cierto. Mi tí...
Se dio cuenta de su error y corrigió de inmediato:
—El récord de ventas que el Director Sebastián ha logrado en el departamento es algo que M&R Global no había visto desde su fundación. Presidenta, ¿no teme que echar a la calle a un empleado veterano y leal termine decepcionando y desmotivando al resto del equipo?
Roxana los observó hacer su teatrito sin que la expresión glacial de su rostro se alterara lo más mínimo.
Se recargó en el respaldo de su silla, cruzó las piernas con suma elegancia y los miró con un aura aún más imponente y avasalladora.
—Se los advierto por última vez. Si vuelven a hacerse pasar por empleados de M&R Global allá afuera, haré que nuestro equipo legal los demande por fraude.
—¡¿Qué quieres decir con eso?! —reclamó Sebastián, indignado.
Su trabajo y sus méritos estaban a la vista de todos. ¡En lugar de revisarlos, ella lo amenazaba con demandarlo por usurpación de identidad!
¿Acaso esta muchacha estaba loca?
Sol, de pie detrás de ella, no pudo evitar aplaudir mentalmente al ver que su joven jefa no se dejaba intimidar por el zorro viejo de Sebastián, sino que lo estaba arrinconando por completo.
Todos sabían cómo era Sebastián. Se creía intocable por el supuesto éxito que traía a la compañía, y humillaba a quien quería.
Por ejemplo, su oficina actual estaba designada originalmente para el Director de Recursos Humanos. Cuando Sebastián la vio y le gustó, simplemente ordenó sacar todas las cosas del otro directivo al pasillo y reclamó el espacio como suyo.
Al Director de Recursos Humanos casi le da un infarto del coraje.

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