Al escuchar que ella enumeraba con exactitud sus dos negociaciones más rentables del año anterior, el estómago de Sebastián se revolvió violentamente.
Sintió el pánico inminente de ver sus peores secretos revelados a la luz.
¿Cómo demonios sabía ella todo eso?
—Y aún hay más —continuó Roxana al ver que el hombre empalidecía, evidenciando su culpa—. Sobre tu reciente "logro" con Consorcio GM. ¿En serio fuiste tan ingenuo de creer que la persona que te enviaron era realmente un ejecutivo de ellos?
—Tú... —Sebastián contuvo la respiración y negó con la cabeza rotundamente—. ¡Mientes! ¿Cómo que Xavier no es empleado de Consorcio GM? ¡Incluso me llevó a una de sus reuniones internas y me presentó a varios directores de área!
—Parece que eres de los que no creen hasta que tienen el agua en el cuello —dijo Roxana y, sacando su celular, marcó sin dudarlo el número del Presidente de Consorcio GM—. Tío Pablo, soy Roxana. Te llamo para confirmar algo.
—¡Jajaja, mi querida Roxana! Hace casi un año que no sé de ti, pensé que ya te habías olvidado de este viejo. ¡Dime, pregúntame lo que quieras, cien cosas si es necesario!
Donia se dio cuenta de que la situación se estaba saliendo totalmente de control y le susurró a su tío, que estaba más pálido que un fantasma:
—Tío, ¿esa voz de verdad es la del Señor Pablo? ¿Nuestra Presidenta tiene tan buena relación con él? ¿Por qué nunca se supo nada de eso?
Sebastián tenía la mente hecha un caos, no tenía energía para prestarle atención a su sobrina.
Roxana observó las expresiones del hombre con atención y continuó hablando en tono sereno.
—Tío Pablo, uno de mis exempleados asegura que está en negociaciones para un proyecto importante con un ejecutivo de su empresa llamado Xavier. ¿Tienen a alguien con ese nombre en su equipo directivo?
—¿En negociaciones con nosotros? Qué raro, no estoy enterado de eso —respondió el Señor Pablo y le ordenó de inmediato a su secretaria que verificara el nombre de Xavier.
Aunque el Señor Pablo aún no confirmaba la identidad del estafador, el simple hecho de que negara conocer el proyecto hizo que Sebastián comenzara a sudar frío.
Donia, al ver la reacción aterrada de su tío, supo que estaban metidos en un problema monumental y no se atrevió a abrir la boca.
Sol, por su parte, miró de reojo a Roxana con los ojos brillando de entusiasmo.
A pesar de su juventud, la Presidenta tenía una red de contactos que asustaría a cualquiera.

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