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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 990

La mirada de Patricio se volvió afilada, emitiendo un destello peligroso.

Pero pronto, una suave sonrisa disipó esa oscuridad.

—Hermana, ¿qué cosas dices? Si de verdad estuviera metido en negocios turbios, ¿crees que me costaría tanto encontrar a la Doctora Serena?

La tensión en el pecho de Francisca disminuyó un poco, pero no desapareció por completo.

—Desde que nuestra familia cayó en desgracia, sé que has soportado cargas y presiones de las que yo ni siquiera estoy enterada. Te viniste a este país siendo solo un niño, y sé que has sufrido muchísimo para llegar a donde estás hoy.

»Pero escúchame. Lo único que me importa en esta vida es vivir en paz a tu lado. Haré todo lo que esté en mis manos para que te cures. Por favor, deja de buscar métodos peligrosos, ¿sí?

Patricio entendió exactamente a qué se refería, pero guardó silencio.

La angustia de Francisca volvió a crecer, dificultándole la respiración.

—Patricio, deja en paz a la señora Isabel y a cualquier otra persona inocente. Y perdónate a ti mismo. Aún estamos a tiempo de parar. Te lo suplico, hazlo por mí.

El pecho de Patricio subió y bajó en un suspiro prolongado. Sus ojos azules reflejaron la frialdad de la noche.

Bajó la mirada. La luz de la luna que entraba por la ventana dividía el interior del coche entre sombras y claridad.

—Está bien. Te lo prometo.

Francisca, que ya se había mentalizado para una larga discusión, no podía creer que él hubiera accedido tan rápido. Sus hermosos ojos se iluminaron con esperanza.

—¿De verdad?

Patricio levantó la vista, mirándola con total ternura.

—Por supuesto. Eres mi única familia. ¿A quién más voy a escuchar si no es a ti?

—¡Qué maravilla! —Francisca no pudo reprimir la inmensa sonrisa de alivio—. Entonces, ¿cuándo me darás el antídoto para la señora Isabel?

Si lograba conseguir el antídoto, limpiaría un poco su culpa.

Entonces podría tragarse su orgullo e implorarle a Roxana que salvara la vida de su hermano.

Al ver su entusiasmo, Patricio confirmó sus sospechas: su hermana conocía a la Doctora Serena.

Y había solo una persona en el mundo en quien ella confiara ciegamente, a la que protegiera con tanta ferocidad, y que además tuviera conocimientos médicos superiores.

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