Yara Soler había estado esperando a que Roxana volviera para presumirle sus compras del día.
Pero dieron casi las diez de la noche y Roxana seguía sin aparecer.
Eso la impacientaba bastante.
—Mi amor, ¿por qué Roxana no ha regresado a esta hora? En Veridia nunca hacía esto. ¿Crees que le haya pasado algo?
Marina ya estaba preparándose para descansar, pero al ver que su preciada hija no llegaba, perdió el sueño por completo.
Rafael Soler acababa de terminar su infusión de manzanilla. Al escuchar la preocupación de su esposa, tampoco pudo evitar mirar hacia la ventana.
—Es cierto, ella no suele tardarse tanto. La llamaré enseguida.
—Hazlo ya —lo apuró Marina, sentándose a su lado.
Rafael marcó el número de Roxana y la llamada se conectó de inmediato.
—Hija, ¿ya terminaste tus pendientes? Es muy tarde, ¿quieres que papá vaya a recogerte?
Al oírlo, Marina le dio un pellizco en la cintura y se apresuró a añadir en voz alta:
—Y mamá también. Iremos juntos por ti.
Rafael sintió el dolor del pellizco, pero no se atrevió a quejarse, limitándose a asentir.
—Sí, mamá y yo iremos por ti.
—No es necesario —respondió Roxana con voz suave—. Ya estoy afuera de la mansión, entraré en un momento.
Al escuchar que su hija ya estaba afuera, Marina se levantó de un salto y gritó hacia la cocina:
—¡Mayordomo, saca de inmediato el té frío con miel que preparé! Roxana ya llegó, seguro está agotada. Una bebida fresca la ayudará a relajarse.
Cuando el mayordomo se apresuró a cumplir la orden, ella volvió a sentarse, tomó un poco de fruta de la mesa y empezó a pelarla.
—Roxana estuvo fuera todo el día, seguro hace calor allá afuera. Comer fruta fresca le dará vitaminas.
Yara, quien había sido completamente ignorada, se quedó sin palabras:

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