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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 1

~MILA~

—Te amamos, Mila —dijo Paolo mientras tomaba mi mano izquierda con una delicadeza impropia de un hombre cuyas manos se habían dedicado a matar y torturar sin piedad alguna.

La ceremonia oficial había terminado y, en ese momento, nos encontrábamos en uno de los salones del hotel en el que se llevaría a cabo la gran fiesta de celebración. La única diferencia era que aquella segunda ceremonia que estábamos realizando era mucho más pequeña y privada. Únicamente estaban presentes los hombres y mujeres más importantes de la Bratva Volkov y de la mafia Cardinale como testigos de nuestra unión.

Nicolo apretó mi mano derecha con suavidad para hacerme saber que él también estaba incluido en aquella declaración.

—Desde el día en que te conocimos quedamos enamorados de ti —añadió Paolo—. Nos cautivaste por completo, pero jamás pensamos que el sentimiento llegaría a ser mutuo... que una mujer como tú, tan hermosa y tan especial, pudiera interesarse en hombres tan insignificantes como nosotros.

—Eres nuestra princesa —agregó Nicolo, llamando mi atención— y prometemos tratarte como tal durante todos los días de nuestra vida: cuidarte, protegerte y amarte con todo nuestro corazón.

Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas y tuve que parpadear varias veces para que no terminaran rodando por mis mejillas. Las manos de ambos seguían sosteniendo las mías y, mientras los miraba de un lado al otro, no podía evitar preguntarme qué había hecho para merecer que dos hombres como ellos me amaran de una manera tan inmensa y desinteresada.

Paolo fue el primero en soltar mi mano, únicamente para sacar del bolsillo de su chaqueta una pequeña cajita forrada con terciopelo negro, la cual abrió para revelar el anillo que descansaba sobre un pequeño cojín del mismo color.

Cuando lo levantó, la luz de las lámparas se reflejó en los tres aros unidos que formaban una sola pieza y sentí que el corazón volvía a darme un vuelco. El oro blanco, el oro amarillo y el oro rosa se entrelazaban sin que ninguno sobresaliera sobre el otro, como si hubieran sido creados desde el principio para permanecer juntos.

—Estos tres aros nos representan a nosotros —explicó Paolo mientras tomaba nuevamente mi mano izquierda—. Diferentes, pero unidos. Ninguno por encima del otro y ninguno menos importante. El oro rosa eres tú, principessa, porque llegaste a nuestras vidas y conseguiste darle calidez a todo aquello que durante años solo conoció violencia y muerte.

Bajé la mirada hacia el anillo y distinguí una pequeña corona de princesa grabada en el aro y decorada con diminutos diamantes. En los otros dos había dos pequeñas pistolas junto con un escudo, grabados con una precisión impresionante, en cada tono de oro, orientados hacia la corona como si la protegieran.

—Y estos somos nosotros —añadió Nicolo al notar dónde se había detenido mi mirada—. Tus armas. Tus guardianes. Los hombres que estarán dispuestos matar a quién sea o a colocarse delante de cualquier bala antes de permitir que vuelva a alcanzarte algo malo.

Un sollozo se me escapó antes de que pudiera contenerlo.

Paolo sonrió con ternura y levantó mi mano hasta sus labios para besar mis nudillos.

UNA UNIÓN DE TRES (PARTE 1) 1

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