~MAKSIM~
Empapado en sudor por toda la actividad física que me había mantenido ocupado en las últimas horas, me levanté de la cama y caminé hacia la cómoda para buscar la cajetilla de cigarros. Saqué uno, me lo llevé a la boca y lo encendí, dando la primera calada.
Sin importarme el hecho de que estaba desnudo de pies a cabeza, avancé hacia la terraza y salí, apoyándome en el barandal.
Recibí con buen agrado la brisa fresca que me secó el sudor y observé las luces de Chicago extendiéndose a los pies del rascacielos de cincuenta y tres pisos en el cual me encontraba. Era una de las habitaciones de hotel de mi propiedad que utilizaba para mis encuentros sexuales casuales.
Le di otra calada al cigarrillo y mantuve el humo en mi boca por unos segundos para que mis papilas gustativas se empaparan con el sabor fuerte de la nicotina.
―Oye ―ronroneó una voz grave y femenina detrás de mí. Unos pechos suaves me presionaron la espalda y unos brazos delgados me rodearon el pecho―. ¿Qué tal si vuelves a la cama para que iniciemos otra ronda?
—Ya puedes irte —dije sin mirar atrás. El humo escapó de mi boca y di otra calada.
La tensión en el cuerpo de Irina me indicó que no estaba feliz con lo que le dije, pero ella insistió, deslizando sus dedos por mi vientre hasta alcanzar mi polla, la cual rodeó con sus largos dedos—. Vamos, Maksim. Tenemos tiempo para unos cuantos orgasmos más.
Me tembló la polla, no lo voy a negar, pero ya me había corrido dos veces esa noche, lo que significaba que podía ignorar fácilmente mi reacción biológica al contacto con una mujer desnuda, y me molestaba que siguiera allí, porque sabía muy bien cómo funcionaba nuestro trato.
Cogíamos lo que teníamos que coger, hasta saciarnos, y adiós.
Mantuve mis ojos en la ciudad.
—¿No me escuchaste? Te he ordenado que te largues.
—¿Qué? —preguntó indignada y se separó de mí finalmente, lo cual agradecí, porque sentir a una mujer tan cerca de mí si no era por sexo me resultaba un fastidio.
—Te llamaré si te necesito otra vez —dije, ignorando su indignación con frialdad—. Lo cual dudo que sea así porque mañana voy a casarme.
Irina enroscó los dedos, sus uñas pincharon mi piel, haciéndome enfurecer.

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