~ALESSIA~
—¡Bruno! Te dije que no te metieras la arena en la boca —gimió Maksim con frustración.
Yo estaba bajando hacia la playa junto con Mila. Ambas, junto con Nicolo, estábamos trasladando la comida del picnic en las cestas de mimbre que habíamos traído desde la casa, mientras Maksim, Artem y Paolo se desempeñaban como niñeras, cuidando a nuestras criaturas.
Busqué a nuestro hijo con la mirada y observé cómo se metía más arena en la boca.
—Creo que él piensa que es lo más delicioso del mundo. —Artem se rio, pero luego puso cara de asco cuando vio cómo Bruno tragaba alegremente el puñado de arena y se convertía en barro, chorreando por su pequeña boca.
—Ah, te vas a enfermar y tu madre se va a enfadar porque me va a culpar a mí por no haberte cuidado —se quejó Maksim.
—Papi, si haces enojar a mami, mami te pegará con su sandalia, así como te pegó la otra vez —dijo Valentina, mientras con sus primitos, los gemelos Ravelli, construía un castillo de arena, provocando que todos voltearan a verla y rieran.
—¿Qué, Alessia? —exclamó Mila, burlona, y los hombres giraron para vernos—. ¿De verdad le pegaste a mi hermano?
—Fue solo una vez y fue bromeando —se apresuró a aclarar Maksim. Su rostro y su cuello estaban tomando el color de una remolacha—. Y fue para darle un ejemplo a Valya de lo que le iba a pasar si no obedecía.
Llegamos junto a ellos y, antes de tomar asiento, colocamos las canastas en el suelo, sobre las toallas que habíamos puesto sobre la arena.
—Yo siempre obedezco a mami porque mami da mucho miedo cuando se enoja —replicó Valentina seriamente, sin dejar de formar una pequeña torre del castillo con concentración—. Ahora... con papi...
—¿También obedeces a tu papi porque él te causa miedo cuando se enoja? —cuestionó Paolo, con un tono burlón.
Valentina levantó la cabeza, se llevó ambas manitos a la boca y ocultó una sonrisa pícara. Movió la cabeza de un lado a otro y negó.
—No. Papi no me da miedo. Con papi puedo hacer muchas travesuras porque él solo se enoja poquito y yo lo contento rápido. Cuando me regaña, yo hago como que lloro y entonces él me deja hacer lo que yo quiera.
Otra tanda de risas y Maksim, llevándose la mano a la frente, negó como si se sintiera defraudado.
—No puedo creer que esté diciendo esto —dijo.
—¿Cómo te hace sentir que una pequeña de tres años te manipula, hermano? —preguntó Artem, jocoso.
—De tal palo —me señaló con un movimiento de su barbilla— tal astilla —señaló a Valentina.
—A mí no me culpes —me defendí—. Tú dijiste bien emocionado que querías una niña que se pareciera a mí.
—No sabía lo que hablaba. Uno cuando está feliz dice cualquier cosa sin medir las terribles consecuencias —suspiró dramáticamente.
—¡Eh! —protesté, dándole un fuerte golpe en el brazo que lo hizo tambalear sobre la arena.
—Viste, papi. Otra vez vez hiciste enojar a mami y ella te pegó. Pégale, mami. Pégale —me animó la pequeña, provocando que todos rieran y que Maksim le lanzara una mirada reprobatoria en broma.
—Traidora —le dijo Maksim—. Voy a desheredarte y nunca más pediré tener una niña que se parezca a su madre. Puros varones pediré de ahora en adelante.
Con insolencia, Valentina le sacó la lengua y él hizo lo mismo.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...